En el albergue de Caridades Católicas de Yuma, Arizona, se puede medir la desesperación de los inmigrantes que buscan refugio en Estados Unidos. 

"Un 70 por ciento de las personas que llegan buscando ayuda vienen de Guatemala. La mayoría pertenecen a pueblos indígenas, muchos de ellos son mujeres y niños pequeños", contó el padre Jacinto Orzechowski de Caridades Católicas de Washington, luego de pasar cinco días ayudando en el albergue.

Estos inmigrantes le contaron que la situación en su país natal es muy difícil. "La cosecha ya no da como antes, debido a la sequía y otros fenómenos vinculados al cambio climático. A veces no hay agua suficiente para la comida, menos para las cosechas. Están pasando hambre y la desesperación de la gente va en aumento", le dicen describiendo el panorama que dejaron atrás.

La tasa de desnutrición crónica ha subido hasta el 70 por ciento en la región montañosa occidental de Guatemala –agregó-. La falta de alimentación en los primeros 3 años de vida ha frenado el desarrollo físico y mental de estos niños y es irreversible. 

El padre Jacinto quedó impactado por las experiencias narradas que bien explican las poderosas razones que impulsan a la gente a abandonarlo todo, lanzarse sin nada a una larga travesía hacia el norte, corriendo todo tipo de peligros. "Los que llegan desde Honduras -dice- tardan más de un mes".

En tren, autobús, en la maletera de un auto, a pie, como sea, estos inmigrantes lo que buscan es un lugar seguro donde hallar trabajo, techo y sustento -derechos básicos de todo ser humano.

La violencia en Centroamérica, de la que tanto se habla, ha pasado a segundo plano. El padre Jacinto pudo percatarse de que ahora la fuerza de cambio de la naturaleza es lo que empuja a la población a emigrar. Se les llama inmigrantes climáticos impulsados por fenómenos 'bautizados' como migraciones climáticas. No sólo afecta a Centroamérica, África está siendo protagonista de lo mismo.

Caridades Católicas sale al encuentro de estas madres con sus pequeños, niños que llegan solos para reencontrarse con sus padres, jóvenes que buscan un futuro mejor. En Yuma, la organización se ha convertido en la cara de la iglesia que da la bienvenida al forastero.

Después de tanta batalla, en su tierra y en el camino, "ellos se ven tan contentos de estar en el refugio en Yuma", dijo el sacerdote franciscano. Caridades Católicas, Salvation Army y varias iglesia locales de variadas denominaciones, se unen en esta iniciativa para brindarles alimentos, un lugar seguro donde dormir y bañarse. "Allí tienen atención médica, pueden descansar y hacer las llamadas necesarias para conectarse con sus familias en otras partes de Estados Unidos".

Ante el flujo desmedido de inmigrantes centroamericanos que llegan a la frontera México-EEUU, los centros de detención del Gobierno están abarrotados, así como los refugios de organizaciones caritativas que los acogen al ser liberados. 

"Caridades Católicas de Yuma pidió colaboración a Caridades de Washington porque sus trabajadores y voluntarios están abrumados, trabajando casi sin parar por un mes", contó el padre Jacinto, quien viajó a Yuma para sumarse al equipo. 

En el refugio se atiende a diario a unos cien inmigrantes que son liberados por el Gobierno.

El padre Jacinto, de origen polaco, llamaba a los familiares y amigos de los recién llegados (en otros estados) y les explicaba las opciones de viaje. "Algunos inmigrantes viajan en autobús incluso por una semana, otros en avión y es la familia quien les paga el pasaje".

Desde Yuma parten hacia Nueva York, Georgia, Florida, Nebraska, Virginia, Maryland, Illinois, California. El padre hacía los arreglos de transporte y les orientaba para que no se perdieran en el camino. 

El equipo de Caridades Católicas le imprime el boleto al viajero y le provee confirmación del vuelo a los familiares. "Les damos una mochila con sándwiches y los transportamos hasta la estación del bus o el aeropuerto. Alguien va con ellos para asegurarse de que tomen el transporte correcto", explicó. 

En estos días, el diácono Trinidad Soc de la parroquia Nuestra Señora de los Dolores de Takoma Park, Maryland, emprendió un viaje a Laredo, Texas, con el mismo fin, también a nombre de Caridades Católicas de la Arquidiócesis de Washington.

"Somos parte de la iglesia universal y, como ellos pidieron ayuda, hemos tratado de ayudarles", dijo el padre Jacinto para quien ha sido un gran privilegio estar en la frontera y servir al más vulnerable. Se siente complacido de ayudar a estos inmigrantes -muchos de los cuales son indígenas que han sufrido discriminación sistemática en sus países-, darles la bienvenida, tratarlos con respeto y explicarles cómo funcionan las cosas en Estados Unidos. "Fue un privilegio servir a Cristo a través de los que sufren".

Lo que le preocupa al padre es que estos recién llegados hablan poco español -su primer idioma es una lengua/dialecto indígena- y tendrán que presentarse en una corte de inmigración (probablemente en años). Debemos darles la bienvenida y ayudarlos con caridad porque es importante que tengan una representación legal en su caso, indicó.

El padre insiste en que no debemos perder la perspectiva de que los factores que causan o afectan la migración forzada están conectados con el cambio climático -además de la violencia, la corrupción y la pobreza.

"Y nosotros, como país, somos responsables de una manera especial de este fenómeno. Estados Unidos tiene gran responsabilidad por ser el mayor contribuyente al cambio climático global y las personas más pobres están pagando las consecuencias", indicó.

"Los habitantes de Centroamérica están siendo impactados de una manera muy profunda. Los campesinos que cultivan café ahora no pueden contar con las mismas cosechas por el cambio del clima y hay gente muy vulnerable a esos pequeños cambios", subrayó.

Se están dando tormentas tan intensas que en tres días cae tanta lluvia como solía caer en seis meses, ocasionando desmedidas inundaciones y daños a la infraestructura.

Otro fenómeno paralelo, dice el padre, es que el suelo se endurece como una roca debido a la sequía; entonces, al llover el terreno no absorbe el agua y arrastra todo.

"Estas personas que vienen de Centroamérica son refugiados climáticos y no se les reconoce como tal. Cuando llegan a la frontera estadounidense son rechazados porque esta causa no encaja en las categorías para que se les considere refugiados".

"Hay una relación directa entre la migración forzada y el cambio climático. No tenemos mucho tiempo para hacer un cambio hacia la energía renovable. Tenemos sólo 12 años -dicen los científicos- para tomar acción, de lo contrario, las consecuencias serán enormes y devastadoras.

"Esta es una causa sumamente provida. Ahora hay 70 millones de refugiados, en 15 años habrá 500 millones o más, que salen de Centroamérica, África, Asia, debido a las inundaciones, la sequía y otros fenómenos extremos.

"Estados Unidos tiene una responsabilidad moral y la humanidad enfrenta el reto de cuidar nuestra casa común. No hacerlo es un pecado mortal y una cobardía", dijo el padre Jacinto que finalizó haciendo eco de las palabras del papa emérito Benedicto XVI: "Nuestra tierra está enviándonos un mensaje, debemos escucharla y entender su mensaje si queremos sobrevivir".