Me parece incomprensible y censurable que cualquier establecimiento católico permita ser mal usado y manipulado de un modo que resulta violatorio de nuestros principios religiosos que nos llevan a defender los derechos de todas las personas, incluso de aquellos con quienes puede ser que no estemos de acuerdo. 

El papa San Juan Pablo II fue un ardiente defensor de los derechos y la dignidad de los seres humanos. Su legado constituye un testimonio vivo de esa verdad, y por cierto él no aprobaría el uso de gases lacrimógenos ni otros elementos para imponer el silencio, dispersar o intimidar a la gente para la toma de una foto delante de un lugar de culto y de paz.