Entre las secuelas de los huracanes Irma y María de 2017 y de los recientes terremotos, Puerto Rico batalla por volver a la normalidad. Los parroquianos de la iglesia San Camilo de Silver Spring, Maryland, acaban de regresar de un viaje misionero a la isla con el cual quisieron aportar un granito de arena a las tareas de reconstrucción.

"La angustia, temor y desasosiego impera mayormente entre la gente del suroeste de Puerto Rico, donde aún está temblando varias veces al día", contó la puertorriqueña Margarita Plazza Hernández, quien decidió trasladarse a Maryland hasta que se aplaquen los movimientos telúricos y mejoren las condiciones de vida.

Algunos temblores se han sentido en toda la isla, pero los daños significativos son en los pueblos de Guanica, Guayanilla, Piñuelas, Ponce, Sabana Grande, San Germán y Yauco, donde ella reside.

"Muchos han perdido sus residencias y han tenido que refugiarse en albergues y dependen de la ayuda que buenos samaritanos les hagan llegar -según Margarita-. La ayuda llegan a esos albergues, pero están abarrotados”.

Hay muchas personas en los campos que pernoctano en patios, parques, solares baldíos, casetas de campaña y toldos,, dijo subrayando que las lluvias y el frío han agravado la situación.

Margarita dijo que su estadía en Maryland está sujeta a la situación de la isla: "Planeo estar aquí un par de meses, en casa de familiares, hasta que paren los temblores".

Solidarios con Puerto Rico

Con un gran espíritu de colaboración y listos para tender la mano a los más vulnerables, un grupo de feligreses de la parroquia San Camilo de Silver Spring, Maryland, emprendieron un viaje como misioneros a Puerto Rico. Lo denominan "San Francisco construye", un esfuerzo mancomunado para aliviar al necesitado.

El grupo de 19 parroquianos -cuatro de ellos hispanos- acaba de regresar después de largas jornadas de labores. "Ayudamos en cinco casas haciendo trabajo de pintura, colocando techo nuevo, expandiendo los baños o arreglando los cuartos destruídos", explicó el hermano Cristóbal Posch, párroco de San camilo, vía telefónica desde la isla.

Contó que han sufrido más por los huracanes que por los recientes terremotos, y que la situación allá sigue siendo crítica. Encontraron muchas casas en ruinas, que fueron afectadas hace dos años por el huracán. Por eso decidieron ir a ayudar a reconstruir las casas.

Fue una misión solidaria con Puerto Rico, en la cual los participantes costearon sus viajes y dejaron su trabajo en Maryland para asistir al que está en necesidad.

Como 'una cadena de solidaridad' la define el hermano Posch. "Hay gente que sufre y queremos acompañar, apoyar, especialmente a la gente en Puerto Rico que se sienten abandonados", dijo el religioso.

Los puertorriqueños les contaron que no están recibiendo fondos de HUD (Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano de EEUU), de FEMA (Agencia Federal para la Gestión de Emergencias) y solo la Iglesia les está ayudando.

Efectivamente hay fondos para cubrir los costos de las labores de reconstrucción -dijo el hermano Posch- pero tienen que hacer la solicitud en computadora... y estas personas no tienen habilidades para esto, ni computadora ni servicio eléctrico.

El grupo de San Camilo estuvo sirviendo en Maunabo, al sureste de la isla. La mayoría no tiene experiencia en construcción, pero sí las ganas de ayudar. Formaron equipos y cooperaron con los residentes, quien sin duda estaban agradecidos por el gesto de los misioneros estadounidenses. El hermano estaba sorprendido porque hasta las personas mayores trabajaron sin descansar.

Compartieron el drama de Lydia, cuyos nietos adultos estuvieron encerrados en un baño durante seis horas sin comunicación, mientras esperaban el paso del Huracán María. Ella perdió a su hijo y su esposo está recluido en un asilo. Entonces los parroquianos de San Camilo llegaron a la casa de Lydia a limpiar y pintar. "Ella es muy valiente y una inspiración para todos nosotros", contaron.

Otra puertorriqueña visitada fue Luz Elena, quien vive sola. "FEMA se comprometió a ayudarla, pero no hizo nada. Su casa era un desastre y luego de limpiar vimos las grietas en las paredes".

El joven Kevin Hernández fue parte del grupo misionero y confesó: "Reparamos desde techos hasta paredes y ventanas; pintamos y escarbamos... pero también creamos comunidad con los residentes, compartiendo pan, sonrisas e historias. Convivimos con ellos y ellos abrieron sus puertas y sus humildes corazones". 

La generosidad aflora en la isla a tal punto que los sobrevivientes de los huracanes están haciendo obras de caridad para ayudar a los sectores afectados por el terremoto -colectan alimentos, dinero, agua y ropa.

"Hay mucha gente con gran corazón, que teniendo poco, dan al que tiene menos. Puerto Rico es un bello país con sus pueblos pequeños, pero gente con corazones grandes", subrayó Kevin.

Es la tercera vez que un grupo parroquial de San Camilo sale en misión a Puerto Rico. Suelen organizar estos viajes tres o cuatro veces al año y ya han ayudado en labores de reconstrucción en Houston, TX, en el 2019 (secuelas de un huracán) y South Dakota (mucha pobreza, indígenas explotados) y en Carolina del Norte (renovación de casas).

El grupo de misioneros ya está planificando otros viajes de misión. Van a ir a Dakota del Sur en mayo y a México en agosto. "Vamos a compartir con la gente en la zona de la frontera y luego cruzar a Tijuana", dijo el hermano.

Kevin contó que participa en estos viajes con la meta de ayudar a otros y compartir con el equipo: "Es difícil conectarse con aquellos que viven experiencias que tú desconoces. Es diferente cuando lo ves y lo vives tú mismo".