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A ser buenos samaritanos con los inmigrantes, insta cardenal McElroy

El arzobispo de Washington, Robert McElroy, participa en la conferencia “Doctrina social católica y el trabajo con los migrantes y refugiados en un momento de incertidumbre”, auspiciada por el Servicio Jesuita a Refugiados/USA y el Centro para Estudios de Migración de Nueva York, el 24 de marzo de 2025. Foto/RR

El arzobispo de Washington, Robert McElroy, instó a los estadounidenses, en particular a los católicos, a ser buenos samaritanos con los inmigrantes indocumentados, con aquellos que buscan refugio y una mejor vida en esta nación.

La seguridad de la frontera es una preocupación legítima, dijo, pero hay que respetar la dignidad de los inmigrantes y abogar por una reforma de inmigración -según expresó el cardenal el lunes 24 de marzo durante la conferencia “Doctrina social católica y el trabajo con los migrantes y refugiados en un momento de incertidumbre”.

“Los indocumentados son las víctimas de las políticas del Gobierno en este momento de la historia. Cuando la meta de la administración son las deportaciones masivas, todas las personas sin documentos y sus familias viven con miedo a ser arrestados”, dijo subrayando que algunos de ellos llevan décadas viviendo en Estados Unidos.

“Tenemos que seguir abogando por ellos, unidos en solidaridad, defendiendo su dignidad y apoyándolos de todas las maneras posibles”, explicó en la conferencia auspiciada por el Servicio Jesuita a Refugiados/USA (jrsusa.org) y el Centro para Estudios de Migración de Nueva York (https://cmsny.org).

A indocumentados, asilados y migrantes en general, los califica como personas que “trabajan fuertemente, hacen sacrificios por sus familias, traen buenos valores a nuestra sociedad, tienen un fuerte sentido de familia y buscan una mejor vida”.

Destacó que tenemos que ayudar a los migrantes que están sufriendo y darles asistencia humanitaria. “Es nuestra obligación como nación”, dijo el prelado reconociendo que este tema de inmigración es importante particularmente en este momento.

Haciendo eco de las Escrituras y las palabras del papa Francisco en su encíclica Fratelli Tutti, el arzobispo capitalino dijo que hay que cuidar de los demás, comprender la realidad y preocuparse por sus necesidades.

Hizo referencia a la parábola del buen samaritano como crucial ejemplo e instó a sacrificarnos por los otros que sufren y están en dificultades. La parábola, dijo, nos habla de “compasión, cuidado y sacrificio” y considera que precisamente eso es lo que necesitan los indocumentados en este momento.

El arzobispo considera que el Evangelio, de una manera real, nos ayuda a reflexionar y comprender el momento que estamos viviendo.

En la estrategia del Gobierno estadounidense de reducir el gasto público y promover la eficiencia, se redujo radicalmente el presupuesto de la agencia para el desarrollo internacional (U.S. Agency for International Development, USAID). Se ha visto impactado el presupuesto de la agencia de ayuda humanitaria internacional de los obispos (CRS) que opera en un centenar de países del mundo.

El cardenal McElroy dijo que la suspensión de alivio humanitario afecta a hombres, mujeres y niños pobres en el mundo de hoy. “Esta ayuda es crucial”, dijo ya que sostiene programas de salud, vacunas, servicios de alimentos y más recursos básicos. Considera que, como discípulos de Cristo, tenemos que ayudar.

El cardenal, quien fue escogido por el Santo Padre para liderar la Arquidiócesis Católica Romana de Washington desde el 11 de marzo, dijo que “no solo sufren y tienen temor los indocumentados, sino también sus seres queridos”. Por eso, pide que nos apoyemos unos a otros para que puedan superar el miedo.

El orador no pasó por alto que Estados Unidos es una nación de inmigrantes y nuestra sociedad ha sido construida y fortalecida por continuas generaciones de migrantes.

Siguiendo la doctrina social católica, la Iglesia debe responder en solidaridad con los indocumentados que son victimizados.

“Ellos son la gente que nuestra sociedad necesita”, dijo recordando las olas migratorias de principios de 1900. En ese entonces, se decía se temía que destruyeran la cultura estadounidense -dijo.

El arzobispo dejó en claro que no se descarta de ninguna forma la seguridad fronteriza. “Estamos en un momento en que todos quieren una frontera segura y es una meta legítima”.

Puntualizó que el sistema de inmigración está caduco desde hace largo tiempo, por eso mencionó la necesidad de una reforma migratoria.

Resumiendo, las prioridades, dijo que hay que promover la enseñanza católica de apoyar al necesitado, cambiar nuestra ley de migración, salvaguardar la frontera y respetar la dignidad de estas personas que entran por la zona fronteriza y responder con una apropiada política de asilo.

Como nación debemos tomar un camino, dice el arzobispo.

La postura opuesta en que “se denigra a los indocumentados, se los castiga y hay un rechazo a ver el lado humano” representa “el lado oscuro de Estados Unidos en la historia”.

Esta conferencia coincidió con el 45 aniversario del asesinato de san Óscar Arnulfo Romero, por eso, al final de su discurso, el cardenal McElroy elevó un retrato del mártir salvadoreño y dijo: “Él era un buen sacerdote y un verdadero buen samaritano”.



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