Un esqueleto colocado en un balcón de la ciudad de Taxco para rendir homenaje a esta tradición mexicana. (Foto/EFE/Agustin De Gracia)
Un esqueleto colocado en un balcón de la ciudad de Taxco para rendir homenaje a esta tradición mexicana. (Foto/EFE/Agustin De Gracia)
La muerte horroriza y asusta, pero en México se celebra. Un ejemplo son las calacas, que el artista mexicano José Guadalupe Posada convirtió en parte de la identidad nacional, o las famosas calaveras de azúcar, que llevan el nombre del difunto grabado.

"La pelona", "la calaca", "la huesuda" y "patas de cabra" son algunos de los nombres con los que los mexicanos se refieren a la muerte con ironía.

Desde 2003, la celebración del "Día de Muertos" en las comunidades indígenas mexicanas es reconocida para la Unesco como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.

Los antropólogos mexicanos narran que, cuando se dio la yuxtaposición de culturas con la llegada de los españoles a América, se fusionó la fiesta de los todos los Santos con la tradición mesoamericana y dio lugar a las costumbres actuales.

"Se trata de una forma de festejar la vida y no enfocarnos en la muerte como algo triste", dice a Efe Victoria Alexander, del "Festival La Calaca", un evento dedicado a las célebres calaveras que se celebran entre el 31 de octubre y el 3 de noviembre en San Miguel de Allende, en el centro del país.

POSADA, DE LA "CALAVERA GARBANCERA" A LA "CATRINA".

Con el lema "Ante la muerte todos somos iguales, todos somos calacas", la segunda edición de este festival tiene por objetivo fusionar las tradiciones locales del "Día de Muertos" con las propuestas de artistas contemporáneos y su interpretación de las célebres calacas.

Muestra de ello es la exposición "Posada Presente", que recoge la forma en la que artistas contemporáneos, nacionales e internacionales, exploran las tradiciones del "Día de Muertos" utilizando las técnicas del célebre artista mexicano.

José Guadalupe Posada (1852-1913), creador de las populares calaveras y caricaturista satírico de los últimos años del Gobierno de Porfirio Díaz, convirtió a la calaca en símbolo universal.

"Aunque la calavera es su obra más conocida e impactante, en cantidad forman solo el 5% del total de su obra", explica a Efe el historiador Agustín Sánchez.

La historia y trascendencia de la popular catrina de Posada va de la mano de la obra del célebre muralista mexicano Diego Rivera.

"Rivera -agrega Sánchez-, impulsó el conocimiento de la obra de Posada y de sus calaveras en su mural "Sueño de una tarde dominical en la alameda", donde aparece la muerte lujosamente vestida".

"La calavera catrina es la imagen de México más conocida del mundo y solo compite con la Virgen de Guadalupe", advirtió el historiador.

Posada no acostumbraba a poner nombre a sus dibujos, que realizaba por encargo de editores. Una manía del artista que, a Diego Rivera, le sirvió para bautizar a la calavera como "catrina", aunque más tarde se supo que el caricaturista satírico llamó a su obra "calavera garbancera", en alusión a las indígenas que imitaban a sus patronas españolas y se alimentaban a base de garbanzos.

"En el caso de Posada, el fenómeno de las calaveras no procede de la etapa prehispánica, sino que se remonta a "las danzas de la muerte" del Ranacimiento, a El Bosco y a Francisco de Goya", añade el historiador.

OFRENDA DULCE

En la actualidad, la célebre catrina de Posada se comercializa en forma de calaveras de azúcar que, conocidas por sus vivos colores, embellecen los altares y se convierten en protagonistas de las ofrendas mexicanas.

Martha Patricia Pastor regenta la empresa "Calaveras Paty", que lleva esta dulce tradición a los hogares capitalinos. Desde su casa, convertida en un auténtico taller de repostería, Martha da trabajo a quince personas, entre vecinas y familiares.

Para cubrir todos los pedidos de temporada, el trabajo en esta empresa comienza en junio, para llegar a tiempo al mes de noviembre.

La confitera indica que, para elaborar estos dulces, que fabrican en seis tamaños diferentes, para añadir: "tardamos dos horas, tiempo que transcurre desde que se disuelve el azúcar en agua y se mezcla en el fuego; después se vacía la mezcla en moldes de barro y, finalmente, lo decoramos al gusto de los clientes".

"Al día sacamos 500 calaveras", advirtió Pastor, y agregó que, si bien tuvieron años difíciles, este año parece que el negocio "va bien".

Aunque la creencia que transciende fuera del país es la imagen del mexicano que "juega con la muerte", cuando se tiene en frente "eso no ocurre", asevera el escritor y periodista mexicano Edgar Anaya Rodríguez.

Este experto explica que en Oaxaca, al sur del país, se contratan a mujeres plañideras para que lloren a los difuntos; una tradición que se convierte en concurso en la localidad de Querétaro.

"Más que hablar de reírse de la muerte, se habla de reírse de la vida, del carácter festivo de los mexicanos, (...) y en ese bromear entra muy bien la calaverita", añadió.

Anaya recalcó que el mexicano mestizo no ve en la popular calavera "ninguna reflexión en cuanto a la muerte", aunque reconoció el simbolismo que existe en comunidades indígenas de las zonas de Hidalgo, Guerrero o Oaxaca, donde no hay "calaveritas, pero sí mucho simbolismo".