El obispo Mario Dorsonville (segundo de la izq.) rodeado de algunos de los galardonados durante la Misa Rosada realizada en la iglesia Little Flower de Bethesda. Foto/ CHRISTOPHER NEWKUMET
El obispo Mario Dorsonville (segundo de la izq.) rodeado de algunos de los galardonados durante la Misa Rosada realizada en la iglesia Little Flower de Bethesda. Foto/ CHRISTOPHER NEWKUMET
El personal médico e instituciones de salud de la Arquidiócesis de Washington fueron reconocidos por su tiempo y talento voluntario en favor de los más necesitados durante la Misa Rosada realizada, el pasado  domingo, en la iglesia Little Flower de Bethesda, Maryland.
La vigésimosexta celebración de la citada misa coincidió con el cuarto domingo de Cuaresma, conocido también como Domingo de Laetare, un día en que el color usado en las vestiduras del sacerdote es el rosado, color que se asocia tradicionalmente a un sentimiento de felicidad y de alegría: nos recuerda que el tiempo de preparación llega a su fin y que la gran fiesta –la Resurrección– se avecina.
La Misa Rosada se celebra una vez al año para invocar la bendición de Dios para los médicos, odontólogos, enfermeras, personal sanitario en general e instituciones del área médica de la arquidiócesis que sirven, de manera voluntaria, a los más necesitados.
Esos profesionales e instituciones ?de diversas religiones y con el mismo espíritu ecuménico de auxi-liar al prójimo y proveer ayuda mediante servicios médicos gratuitos? conforman la Red de Cuidado de Salud de las Caridades Católicas, una organización que cuenta con unos 8.700 voluntarios.
El cardenal Donald Wuerl, principal celebrante, aludió a una de las enseñanzas de Jesús: “Todos estamos llamados a ofrecer ayuda a los enfermos y a los que sufren mediante la compasión y el amor”.
El cardenal Wuerl se refirió al hecho de que en nuestro país, una vez más, se debate el cómo proporcionar mejor atención de salud a las personas, quién es responsable del costo de esa atención y cómo servir mejor a los que “quedan en el limbo”.
En medio de ese debate –agregó– es importante reconocer que la Iglesia siempre va a comprometer sus recursos en la ampliación del ministerio de la sanación de Cristo, “en favor de todos los que vienen a nosotros en busca de alivio”.
Recordó, asímismo, que tenemos la suerte de contar con miles de vo-luntarios que ofrecen sus habilida-des profesionales de forma absolutamente desinteresada, como una muestra magnífica de amor al prójimo. Por ello, exhortó a los presentes a “ofrecer nuestro agradeci-miento hacia todas esas personas, y nuestras oraciones a nuestro Dios amoroso, para que continúe proveyéndonos los medios necesa-rios para proporcionar el confort y la cura a los heridos, a los enfermos y a todos los que sufren”.
El obispo Mario Dorsonville, quien fue el homilista, inició su homilía elevando una ferviente acción de gracias al Señor, por la presencia y la labor de aquellos que responden al cuidado y a la sanación de los más necesitados, ya sea porque están enfermos o porque padecen dolor.
Resaltó, además, la inigualable labor que, en siglos pasados, ha desempeñado la Iglesia Católica con los  pobres, situándose entre los mayores proveedores de salud en el mundo. Y concluyó diciendo que mientras que la curación es un acto físico, “el cuidado es un acto de amor, de sanación y de asistencia a los enfermos”.
Según Dorsonville, la Misa Rosada es “un reconocimiento, una oración para continuar haciendo lo mejor que podamos al servicio de los más necesitados”.
Al término de la misa, patrocinada por John Carroll Society, se galardonó a los médicos Elizabeth Brown, Ali Fassihi, David Moss y Thomas Winkler por su espléndido trabajo, dedicación tenaz y diligente en favor de los más necesitados. También fueron distinguidos la hermana Elizabeth Ann Lingg y el cardenal Joseph Giere por su admirable entrega al servicio del cuidado de la salud de Caridades Católicas en Washington.