Foto/archivo
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Un asalto, que casi le cuesta la vida a un inmigrante peruano, le dio la oportunidad de obtener su ‘green card'. Antonio Salinas (43) limpiaba el estacionamiento de un centro comercial en Montgomery, una madrugada de enero de 2012, cuando dos individuos lo atacaron sorpresivamente.

"Me golpearon mucho en el suelo porque les dije que no tenía dinero, entonces sacaron un revólver y un cuchillo, me apuñalaron en el estómago y -al encontrar la billetera con dinero- me empezaron a golpear más fuerte", recordó la víctima hace unos días.

Un compañero de trabajo, chofer del camión, lo encontró tendido en el suelo y llamó a la policía.

Salinas, quien llegó a Estados Unidos en 2007, había dejado vencer su visa de turista y se estaba ganando la vida trabajando en el sector de limpieza de 11pm a 7am. Nunca se imaginó que iba a hacer este tipo de trabajo que a nadie le gusta -especialmente en invierno- ni a sufrir un asalto agravado en Estados Unidos, adonde llegó tras el ‘sueño americano’.

El clima invernal le salvó la vida. "Me había puesto varias chaquetas para soportar el frío y en el hospital me dijeron que gracias a ello las heridas no habían sido de mucha profundidad", dijo quien tenía también lesiones en la rodilla, la columna, el pie derecho y el cuello.

Pero la pesadilla continuó para este trabajador porque las heridas  psicológicas no han sido fáciles de curar. Durante bastante tiempo le venían las imágenes de lo ocurrido nuevamente a su mente. "Era como si volviera a vivirlo", subrayó.

Recibió tratamiento psiquiátrico durante dos años, para poder superar el impacto de lo ocurrido. Aparecieron síntomas crónicos y tuvo tres crisis agudas a tal punto que tuvo que ser hospitalizado en 2014 y 2015.

Cayó en el alcoholismo como un escape y se automedicaba para escapar de la realidad que le hacía recordar el incidente. Afectado por el síndrome post-traumático, dice que lo peor ocurría cuando estaba lúcido y tenía que encarar su depresión y ansiedad crónicas.

Hace tres años que dejó el vicio y ya está en condición estable.

Pero, debido al récord médico y al tratamiento que aún continúa, se le dificulta encontrar empleo. Los medicamentos antidepresivos le estabilizan los síntomas, pero no le favorecen a la hora de buscar trabajo.

Fue un asalto durante horas laborales y por eso recibió compensación económica del gobierno, pero ya han pasado tres años sin conseguir empleo -a pesar de muchos esfuezos- y está muy preocupado.

En medio de la tragedia, el Centro Católico Hispano le dio la buena noticia de que lo ocurrido le hace calificar para la visa U de inmigración, especialmente para víctimas de crimen.

Salinas comenzó el trámite en el 2012, juntó las pruebas, obtuvo la certificación de la policía de que fue un crimen agravado. Pudo probar el daño físico y psicológico, los cuales son requisitos claves para obtener este beneficio. A los nueve meses le dieron la visa temporal y el permiso de trabajo por cuatro años, pero a los tres años (2016) ya pudo hacer la solicitud de la residencia permanente.

Las autoridades de migración ya le tomaron las huellas dactilares y este año espera obtener un estatus legal permanente en Estados Unidos.

"Le doy gracias a Dios que estoy mejorando y que la visa U me ha permitido traer a mis dos hijos a este país", dijo contento porque ellos también van a hacer la gestión para obtener la residencia permanente.

"A pesar de la tragedia, la visa U ha sido una puerta que se abrió para mí", expresó este padre inmigrante que se esfuerza en olvidar lo ocurrido. Confiesa que quiere enfocarse en lo positivo de la vida, mejorar su dominio del inglés y seguir aportando a la comunidad como voluntario en varias organizaciones.

Recalca que lo que más desea es encontrar empleo, preferiblemente en funciones administrativas o en lo que sea, para salir adelante.

Cualquier empresario interesado en darle una oportunidad de trabajo a este padre de familia puede llamar al (202)281-2445.

"Confío en Dios, gracias a Él estoy con vida y no pierdo la esperanza", subrayó.