Emely de quinto grado de la Escuela 
St. Francis International. Foto ARCHIVO/Jaclyn Lippelmann
Emely de quinto grado de la Escuela St. Francis International. Foto ARCHIVO/Jaclyn Lippelmann
Las escuelas parroquiales brindan una educación integral que incluye el enriquecimiento espiritual para formar ciudadanos del mundo cargados de importantes herramientas: los valores humanos.
Amy Rivera (15), de la escuela parroquial St. Elizabeth Seton de Bladensburg, Maryland, considera que es importante que su escuela le inculque valores claves como defender la vida, luchar contra las injusticias y ayudar a los más vulnerables. "Ello me ayuda a convertirme en un ser humano más compasivo y me motiva a ayudar a valorar y proteger la vida", dijo quien acudió el viernes pasado a la marcha por la vida en Washington.
En mi escuela también me enseñan sobre las virtudes de la caridad y la bondad, me instan a hablar por aquellos que no tienen voz y tomar acción cuando veo algo que considero equivocado -dijo esta estu-diante.
"Estas virtudes me ayudan cada día de mi vida", expresó quien anhela convertirse en abogada para así ayudar a aquellos que son marginados y poder hacer un cambio positivo en la sociedad.
Para ser compasiva y convertirse en una buena abogada, dice que necesita de esos valores y recordar siempre de donde viene para ser una servidora de la gente. "Soy provida, promujer y prosoluciones", dijo.

Escuela St. Francis
Los estudiantes de la escuela St. Francis International de la Arquidiócesis de Wa-shington, se enorgullecen de estudiar en una escuela 'diferente' que les enseña va-lores católicos y les prepara para vivir en un mundo global, diverso, multicultural y retador.
"Los maestros se esfuerzan para que los alumnos no se queden rezagados y  todos estén al mismo nivel. Nos enseñan que te-nemos que respetar a las personas de dife-rentes culturas y, aunque sean diferentes, no tratarlos mal", contó Patricia Visoso (13) de octavo grado.
Reconoce que lo que le inculcan en St. Francis es importante para su vida. "Quiero viajar por el mundo y ellos me enseñan a no discriminar a las personas que son diferentes", dice la joven cuyos padres son de España y México.
A Stephani Orozco (12), cuyos padres son de México, le gusta estudiar en un plantel católico porque se siente la hermandad. "Todos somos amigos y nos respetamos", dice convencida de que todos estos valores que les enseñan a los niños van a ayudar a que la sociedad vaya por buen camino.
"Las escuelas católicas enseñan sobre Jesús y todo lo que necesitas sobre la vida", expresó Gabriel Velásquez (12) de séptimo grado, a quien le gusta las matemáticas y jugar baloncesto.
Este alumno salvadoreño está seguro de que los valores que le han inculcado los va a aplicar y tener presentes toda su vida,    incluso los va a transmitir a sus hijos y nietos para que sepan lo que es bueno.
A Tobías Hernández (10) le gusta cuando le hablan de ayudar a los demás y le enseñan cómo actuar ante los problemas que ha de afrontar en la vida.
"La educación católica es diferente porque nos hablan de las virtudes que te-nemos que tener como la paciencia, la compasión y el respeto", dijo el niño de quinto grado.