Jem Sullivan, secretaria de Educación en la Arquidiócesis de Washington. (Foto/AOW)
Jem Sullivan, secretaria de Educación en la Arquidiócesis de Washington. (Foto/AOW)

Los inmigrantes están en las noticias en estos días. Y mientras los políticos, expertos y periodistas ofrecen sus opiniones de cómo los inmigrantes deben ser considerados y tratados, el debate nacional va en aumento e incluso más polarizado. En el caudal de enseñanzas católicas está la perspectiva que se fundamenta en el balance entre el mandato del evangelio de darle la bienvenida y defender la dignidad humana del extranjero, la seguridad de la nación y la obligación de los inmigrantes de respetar la ley como ciudadanos que han de contribuir al bien común.

Históricamente la Iglesia Católica en este país, ha sido una iglesia de inmigrantes dándole acogida a sucesivas olas de comunidades inmigrantes (irlandeses, italianos, polacos, alemanes, europeos del este, asiáticos, entre otros). La mayoría de los católicos vincula sus raíces familiares con inmigrantes que han llegado a estas tierras, en algún momento lejano o más recientemente. Por décadas, las escuelas católicas han servido como lugares vibrantes de bienvenida y divulgación formativa a los hijos de los inmigrantes. La presencia y misión de las escuelas católicas han ayudado a generaciones de inmigrantes a salir de la pobreza, el analfabetismo y la marginación para luego ocupar su lugar en el seno de la sociedad.

La celebración de la Semana de las Escuelas Católicas es un momento oportuno para reflexionar sobre la educación católica como un apostolado de esperanza que continúa transformando la vida de los niños de comunidades inmigrantes recién llegadas o establecidas hace mucho tiempo.

La educación católica y la misión evangelizadora de la Iglesia

La educación católica es parte integral de la misión de la Iglesia de proclamar la Buena Nueva de la fe en Jesucristo. “Todas las actividades de la Iglesia, radican en su toma de conciencia de que ella es la portadora de un mensaje que tiene sus orígenes en Dios mismo”, señaló el papa Benedicto XVI durante su visita apostólica de 2008 a Washington, DC. “El deseo de Dios de darse a conocer y el innato deseo de todos los seres humanos de conocer la verdad, brindan el contexto para que el ser humano indague en el significado de la vida”, dijo el Papa.

Las escuelas católicas y los programas de educación religiosa a nivel parroquial son comunidades de fe vibrantes, donde el análisis académicamente riguroso sobre el significado de la vida es definido a través del encuentro del estudiante con la persona de Jesucristo y el testimonio vivo de fe de catequistas, maestros y empleados.

La educación católica forma la próxima generación de líderes de la sociedad y las futuras generaciones de santos de la Iglesia. El acceso a esta educación que transforma vidas, que se brinda en una escuela católica, es abierto a todo el que busca compartir su misión. Los niños que son pobres, marginados y no tienen oportunidades, son especialmente bienvenidos.

Creando una cultura de bienvenida a los estudiantes hispanos

Según un estudio de Boston College de 2016, hay 8 millones de niños hispanos en edad escolar primaria y secundaria, de un estimado de 14.5 millones de niños católicos. De esos 8 millones, menos del 4 por ciento estudian en una escuela católica. Las razones de esta escasa representación de niños hispanos en las escuelas católicas, son muchas, retadoras y van mas allá del alcance de esta breve columna. Lo que me complace describir, son los esfuerzos iniciales en curso en esta arquidiócesis para apoyar una cultura de acogida en las escuelas católicas de modo que más niños hispanos tengan acceso al regalo de la educación católica en los salones de clase de toda esta iglesia local.

La educación católica como un apostolado de esperanza

Elise Heil es una de los muchos directores extraordinarios de escuelas católicas en la Arquidiócesis de Washington. En una reciente visita a la Escuela del Sagrado Corazón en el Distrito de Columbia, pude ver cómo Elise, así como todos nuestros directores de escuela, es una incondicional líder de una vibrante comunidad de fe, dedicada a avanzar en la misión de la educación católica en un ambiente escolar seguro, lleno de fe y académicamente riguroso.

Elise gustosamente compartió conmigo la historia de María Joya, la maestra asistente de preescolar en la Escuela del Sagrado Corazón e inmigrante con estatus legal que llegó a los Estados Unidos en 1978. En ese momento, El Salvador, su país natal, estaba sumido en la violencia. Un año antes, san Óscar Romero había sido nombrado arzobispo, y los sacerdotes y monjas estaban siendo secuestrados o asesinados de manera rutinaria.

La señora Joya empezó a servir en el Sagrado Corazón como personal de limpieza, ganando unos pocos cientos de dólares por quincena. Se casó en la misma parroquia y sus tres hijos estudiaron en esta escuela donde ahora ella trabaja -ayudados con la asistencia de matrícula y el apoyo de la parroquia-. Al recibir los sacramentos en la parroquia, sus hijos se formaron y crecieron en la fe gracias a los dedicados catequistas del programa parroquial de educación religiosa. ¡Su hija llegó a asistir a la Academia de la Santa Cruz, en Kensington, Maryland, y sus dos hijos estudiaron en la escuela secundaria católica Gonzaga College en Washington con becas completas! Ahora su hija trabaja para Caridades Católicas. Con el apoyo de la parroquia y la escuela, la señora Joya obtuvo una certificación docente a fin de poder retribuirle a la comunidad que acogió y apoyó a su familia durante 40 años.

La educación católica tuvo una repercusión positiva en la vida de esta familia inmigrante.

El año pasado el arzobispo Romero fue canonizado como santo. El mismo año, la señora Joya alcanzó importantes logros personales cuando pagó su última cuota hipotecaria para convertirse en dueña de su casa y celebró la graduación universitaria de sus tres hijos. Ahora ella inspira a otras familias inmigrantes que buscan formas de educar y formar a sus hijos en la fe dentro de la comunidad parroquial y escolar.   

Abriendo las puertas de las aulas

Desde este año escolar, la Arquidiócesis de Washington está comprometida en una iniciativa establecida en las escuelas para crear una cultura de bienvenida a los inmigrantes en nuestras escuelas católicas. Así como generaciones de familias inmigrantes católicas encontraron apoyo por medio de parroquias y escuelas católicas en el pasado, esta iglesia local está buscando formas de brindar oportunidades a la comunidad inmigrante que hoy está entre nosotros. Los padres hispanos que desean una educación católica para sus hijos necesitan apoyo para superar las percepciones equivocadas sobre el acceso a las escuelas católicas y ayuda para navegar a través del proceso de inscripción escolar.

El personal de la Oficina de las Escuelas Católicas está brindando tal asistencia a los padres hispanos y sus hijos a través de una amplia labor arquidiocesana. Con esta iniciativa, los salones de clase de las escuelas católicas en esta iglesia local están intencionalmente convirtiéndose en lugares de acogida, educación y oportunidad para los hijos de inmigrantes. Gracias a la amable generosidad de donantes y el entusiasta apoyo de monseñor Mario Dorsonville, obispo auxiliar de Washington, la educación católica en esta arquidiócesis continúa siendo un apostolado de esperanza. (Traducción: Andrea Acosta)

(La Dra. Jem Sullivan sirve como Secretaria de Educación en la Arquidiócesis de Washington)