La doctora Mireille Twayigira habla sobre la situación de los refugiados en el Centro Berkley de la Universidad Georgetown. Foto/MV
La doctora Mireille Twayigira habla sobre la situación de los refugiados en el Centro Berkley de la Universidad Georgetown. Foto/MV
Cuando la niña Mireille Twayigira escapó de Ruanda a la República Democrática del Congo, poco después de que su padre fuera asesinado durante el genocidio de 1994, jamás se imaginó el drama humano que viviría como refugiada en compañía de su madre, abuelo, tío y un puñado de parientes que abandonaron todo con tal de vivir en paz. Ella no sabía si podría asistir a la escuela o si sobreviviría al hambre, su única esperanza radicaba en la ayuda humanitaria de organizaciones católicas que llegaban del exterior. Gracias a una beca pudo estudiar sin parar hasta convertirse en médico. 
Pero esta historia de éxito académico no está disociada del drama humano que vivió como refugiada. Hace unos días llegó al Centro Berkley de la Universidad Georgetown para compartir su experiencia y pidió a los presentes que entiendan que los refugiados del mundo no solo esperan que les obsequien un plato de comida, que curen sus heridas o que les hablen en su idioma, sino que también quieren ir a la escuela, ser profesionales y ayudar a sus pueblos.   
“La educación es realmente el principio de todo. Cuando me dijeron que tenía una beca, que podía ir a la escuela, en ese momento cambió mi vida”, dijo visiblemente emocionada la doctora Twayigira, quien ahora trabaja para una organización católica en África.
Agregó que siendo niña y como refugiada le tocó ver morir a su madre y abuelo en las literas de refugiados. Ante el desamparo total, su tío la adoptó y por el surgimiento de nuevas guerras la obligó a abandonar República Democrática del Congo, refugiarse en Angola, pasar a Zambia hasta terminar en Malawi. 
“Ganar la beca del programa Zo-diak Best Girl Award fue una respuesta a mis plegarias. Como refugiada yo no tenía ninguna posibili-dad de convertirme en doctora, pero la generosidad de donantes desconocidos me permitió hacer realidad mis sueños. Les pido que nunca se olviden que los refugiados son seres humanos que fueron movidos de sus lugares de origen a la fuerza”, anotó la doctora Twayigira. 
En la ronda de preguntas y respuesta, recordó que menos de uno por ciento de los 19.9 millones de refugiados que hay en el mundo bajo el cuidado de Naciones Unidas podrán ser reubicados en terceros países.  
Mireille Twayigira reconoció que, en el 2018, Estados Unidos se mantuvo como el principal país de reasentamiento de refugiados, con 17.113 personas admitidas, frente a las 78.761 de 2016. Le siguieron Canadá con 7.713; el Reino Unido con 5.702; y Francia con 5109; mientras que España solo acogió a 80 de estas personas, y los países latinoamericanos a 11:  ocho en Uruguay y tres en Argentina.
Concluyó diciendo que alrededor de 1.4 millones de refugiados, que se encuentran en 65 países de acogida temporal, necesitarán este tipo de reasentamiento definitivo en el 2019.
Es importante mencionar que la doctora Mireille Twayigira fue invitada a Washington por el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS), organización internacional católica que tiene como misión acompañar, servir y defender en nombre de los refugiados y otras personas desplazadas por la fuerza, para que puedan curarse, aprender y determinar su propio futuro. Hoy su miembros prestan apoyo en 52 países.  
El programa Zodiak Best Girl Award ha beneficiado a 31 mujeres jóvenes con becas de educación en Estados Unidos, China y Rusia.