Hoy presento, en mi columna, a la familia Morán-Aguilar. Ellos juegan ajedrez en su casa con sus hijos Yocely y Daniel, quienes cursan cuarto y quinto grado en la escuela elemental del condado de Montgomery, J. Leleck, en Broad Acres. María Morán y Ramiro Aguilar, nacidos en México, residen más de veinte y doce años, respec-tivamente, en el área metropolitan de Wa-shington. Recientemente, la familia se mudó  a una casa aledaña a la intersección de Takoma Park /Langley Park.

La familia asiste a los servicios religiosos   de la parroquia St. Camilo. Los niños hacen, también, su catequesis en la citada parroquia.  El conocimiento del juego de ajedrez varía entre los miembros de la familia.  Ramiro aprendió a jugar hace muchos años gracias a una persona que  vivía en la calle a quien ayudó dándole albergue en su casa. Este vagabundo llamado “Kico” le enseñó a jugar ajedrez y cuando vino su hermano de México, que si conocía el juego, jugaron más. Ramiro me comentó: “Kiko siempre ganaba, casi sin tener que pensar”.

Ramiro no practicaba mucho el juego. Pero cuando escucharon del programa de   ajedrez en la escuela de sus hijos, les inscribieron para que aprendieran. María, la madre de Yocely y Daniel, no sabía jugar pero se interesó mucho y aprendió con sus hijos a jugar. Llevan tres años practicando el ajedrez.

María comentó: “El ajedrez es un juego que nos ayuda a motivarnos,  pensar en el valor y en las consecuencias de las acciones. A mí me gusta porque siento que  cuando utilizo las piezas para defenderlas, es como   si yo tambien defendiera a mi familia y a mis hijos”.

Ramiro y María siguieron comentando cómo han visto que el ajedrez ayuda a sus hijos a concentrarse y a saber comportarse, sobresalen más en los estudios desde que empezaron a jugar y además les refuerza la idea de pensar antes de actuar.  Daniel disfruta jugando porque le gusta la competencia y ganar, a su hermana Yocely también le gusta el ajedrez pero lo ve más como un juego para estar con amigos.

La familia juega algunas veces, el día que les entrevisté jugaron Ramiro contra su mujer y sus hijos. La partida fue muy intensa con Ramiro intentando atacar por los dos flancos y María, Yocely y Daniel intentando adivinar sus intenciones y llegar a un concenso de cómo mover las piezas para contrarrestar los movimientos  contrarios con mejores planes.

Fue bonito verles jugar con intensidad, pero a la  vez con respeto y alegría. La partida llegó a un momento muy intenso. María, la mamá,  le dio una sugerencia a sus hijos: mover la reina para defender al rey. Ellos no hicieron caso a la sugerencia de la madre y movieron el rey en vez    de la reina. Desgraciadamente para ellos, Ramiro movió su propia reina y comiéndose un peón les dio jaque mate.

 En ese momento ocurrió la ‘verdadera’ transfe-rencia a la vida. Los hijos no escucharon la su-gerencia de la madre, y la madre les dijo: “Muchas veces no me escuchan, aprendan a escuchar porque si me hubieran hecho caso podríamos habernos  salvado”.

Esta fue la mejor enseñanza de la partida. Cuando de una manera real, los hijos entendieron la frase que repiten siempre los padres: “Hijos  escuchen los consejos de nosotros, ustedes no siempre lo saben todo”.