La intolerancia racial es un problema que aún está presente en algunos sectores de la sociedad moderna. A la luz de la fe, todos los hombres son iguales y Dios se hace presente en cualquier persona sin importar su raza, color, condición social o lengua para hacer realidad su plan divino. Este fue el caso de Augustine Tolton, hijo de padres esclavos, quien al término de la Guerra Civil se volvería el primer sacerdote afroamericano de Estados Unidos.

Su historia se inicia el mismo día de su nacimiento (1 de abril de 1854), en donde Peter Tolton y Martha Chisley figuraban como sus progenitores, pero su dueño era Stephen Elliott. En esos tiempos muchos hacendados preferían ignorar el mandato de Dios referente a la libertad y dignidad humana.

A pesar de la esclavitud Augustine Tolton fue criado como católico y al morir su padre en la guerra, su madre se escapó y encontró su libertad en un barrio segregado en Quincy (Illinois). Allí madre hijo empezaron a asistir a una parroquia, sin importarle el rechazo racial de muchas familias blancas. A pesar de ser monaguillo y catequista modelo, solo fue aceptado por las personas de color. 

En medio de ese ambiente tan hostil Augustine Tolton empezó a escuchar el llamado de Dios para que se convierta en un sacerdote más de su Iglesia. Al no ser aceptado en varios seminarios para blancos, sus asesores espirituales optaron por enviarlo a estudiar a Roma.  

Fue ordenado sacerdote el 24 de abril de 1886 en la Basílica de San Juan de Letrán. Ante la intolerancia racial existente en Estados Unidos, sus superiores pensaron en enviarlo como misionero a África, pero al final Tolton fue enviado a Quincy, Illinois.

En poco tiempo, gracias a su alegría, ejemplo, predica y preocupación por los más necesitados, poco a poco fue llenado el templo de blancos y negros. Esa situación generó inexplicables celos de algunos de sus hermanos sacerdotes, así como de reconocidos ministros protestantes dedicados a visitar a la comunidad afroamericana.

Para reducir los egos, Augustine Tolton fue enviado a Chicago para convertirse en el asesor espiritual de la comunidad afroamericana en la parroquia “Old Saint Mary's”. Su trabajo empezó a la luz de la vez en el sótano e inmediatamente se le encomendó ayudar en los trabajos relacionados con la construcción de la nueva parroquia de Santa Mónica, llamada así por la madre africana de San Agustín.

Con el paso del tiempo la reputación de santidad del padre Tolton creció entre todos los fieles. Todos advertían que en cada una de sus predicas era Dios quien le hablaba a los fieles sobre la necesidad de cambiar la mentalidad racista, exhortando a la reconciliación e impulsando iniciativas de intercambio de experiencias de fe entre ambos grupos étnicos.

Ante su creciente popularidad, el padre Tolton empezó a viajar de forma incansable por todo el país, evangelizando y recaudando fondos para su congregación en Chicago. Las donaciones que recibió fueron principalmente de comerciantes blancos.  

Al regresar de un retiro Tolton se desmayó debido al agotamiento producto del calor y fue llevado a la Misericordia Hospital. Pocos días después (9 de julio de 1897) falleció a la edad de 43 años.

La vida del padre Augusto Tolton es catalogada como una de santidad oculta. Su causa de canonización ha sido presentada por el cardenal Francis George al Vaticano y en la actualidad se encuentra en proceso.

El ejemplar testimonio de vida del sacerdote afroamericano ha quedado registrada en la película “Tolton de esclavo a sacerdote”, la cual será exhibida del 15 al 18 de noviembre en el auditorio de la escuela secundaria católica Bishop Ireton (201 Cambridge Rd. Alexandria, VA 22314). La presentación cuenta con el auspicio de la Arquidiócesis de Washington y la Diócesis de Arlington.