Monseñor Roy E. Campbell, obispo auxiliar de Washington, fue el celebrante principal en la misa celebrada el pasado 19 de enero en la parroquia St. Luke del Distrito de Columbia. Foto/LB
Monseñor Roy E. Campbell, obispo auxiliar de Washington, fue el celebrante principal en la misa celebrada el pasado 19 de enero en la parroquia St. Luke del Distrito de Columbia. Foto/LB

“Hoy honramos la memoria de Martin Luther King (MLK), quien defendió el cambio social no violento en Estados Unidos. Defendió a todas las minorías y fue un ejemplo de dignidad humana y de defensa de la igualdad racial”, dijo monseñor Roy E. Campbell, obispo auxiliar de Washington, durante su homilía en la misa celebrada el pasado 19 de enero en la parroquia St. Luke del Distrito de Columbia.

Los fieles presentes en el servicio religioso reconocieron el legado de Martin Luther King, quien luchó hasta el final por la defensa de los derechos civiles de los afroamericanos y dio un ejemplo de viada a humanidad. La alegría y el fervor de los asistentes se hicieron más evidentes al escuchar al coro de la Arquidiócesis de Washington.

Con tan solo 25 años de edad, MLK ya era pastor de una Iglesia bautista en Alabama, donde su carisma y su entereza en la defensa de los derechos civiles, la libertad y por lograr el fin de la discriminación de las minorías estadounidenses no pasaron desapercibidos. Pero su lucha cobró reconocimiento tras liderar un multitudinario boicot en contra de la separación racial en los autobuses municipales, después de que una afrodescendiente fuese detenida y multada por tomar asiento en una zona reservada para blancos en un autobús público.

“Yo tengo un sueño. Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo (…) Sueño que un día en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la hermandad”. Estas son algunas palabras del histórico discurso que MLK pronunció en agosto de 1963 delante del monumento a Abraham Lincoln de Washington DC, durante la manifestación que lideró exigiendo la aprobación de las leyes de los derechos civiles para los afroamericanos en Estados Unidos.

Sandra Coles-Bell, directora de Programa de Diversidad Cultural de la Arquidiócesis de Washington, manifestó que Luther King murió para elevar la dignidad de los estadounidenses negros y para dejarle claro a la nación que la continua discriminación ejercida contra los afroamericanos no podía continuar. “Creo que esta discriminación todavía continúa y lo vemos en algunas prácticas llevadas a cabo por policía blancos contra jóvenes negros”.

Así mismo, a lo largo de su discurso, expresó que el legado que nos ha dejado MLK ha permitido realizar grandes avances, pero que a todos y a cada uno de los estadounidenses aún les queda mucho trabajo por delante y que para ello es imprescindible la educación.

Los antepasados de Sandra Coles-Bell fueron esclavos, y ella ahora reivindica la unidad de la comunidad para lograr un fin de interés general: educación para todos, trabajos dignos y buenas enseñanzas que empiecen en el seno de la familia. Y concluyó diciendo que “si involucramos distintas culturas, esto es, trabajamos interculturalmente, seremos una nación más fuerte”.