Teresa Soto: “Dios y la Virgen María siempre me mostraron la grandeza espiritual que se encuentra cuando se sirve de forma desinteresada al prójimo, especialmente al hermano que se siente solo en tierras extrañas”.  (Fotos/Javier Díaz)
Teresa Soto: “Dios y la Virgen María siempre me mostraron la grandeza espiritual que se encuentra cuando se sirve de forma desinteresada al prójimo, especialmente al hermano que se siente solo en tierras extrañas”. (Fotos/Javier Díaz)

Desde hace veintisiete años la guatemalteca Teresa Soto reparte El Pregonero, de forma voluntaria, en centros comerciales donde trabajan inmigrantes hispanos. Su dedicación responde al cariño que guarda a nuestra publicación, porque considera que de esa manera no solo difunde las noticias de la Arquidiócesis de Washington, sino que alcanza información valiosa de la ayuda disponibles para la comunidad, amén de preservar el idioma español en la capital estadounidense.  

Su “área de trabajo” está muy cerca de American University y su “misión” es asegurarse de que todos los hispanos que laboran en esa zona reciban El Pregonero. Ella es consciente de que muchos inmigrantes trabajan doble turno, lo cual les dificulta acceder a los puntos donde se puede recoger el periódico católico de nuestra arquidiócesis.

“Repartir voluntariamente El Pregonero es una actividad muy gratificante. Los trabajadores hispanos lo reciben con alegría, sienten que la Iglesia llega a ellos y que forman parte de la gran familia católica. Los dueños de los negocios entienden la importancia de que sus empleados estén informados y es por eso que brindan un libre acceso hasta los almacenes, cocina, mostradores e incluso hasta las oficinas. Es lindo llevar noticias buenas”, dijo Soto. 

La voluntaria guatemalteca, quien a sus 85 años de edad goza de excelente salud, explicó que su cariño para El Pregonero nació en 1977 cuando la hermana Manuela Vencelá y el entonces padre Sean O'Malley (cardenal de Boston), responsables de brindar asistencia espiritual y social a los inmigrantes latinos que llegaban al Centro Católico Hispano de Washington, le explicaron la necesidad de informar a los hispanos sobre los servicios gratuitos que brindaba la Iglesia en la capital.  

“En esa época muy pocos estadounidenses hablaban español, las informaciones en nuestro idioma eran muy limitadas y los inmigrantes recién llegados, en su mayoría familias salvadoreñas, necesitaban todo tipo de ayuda para iniciar una nueva vida. El Pregonero siempre respondió a esas necesidades puntuales, las cuales iban desde aprender inglés, matricular a los niños en las escuelas, denunciar abusos laborales, hasta cómo enviar de manera correcta las remesas a sus familias en sus países de origen”, comentó Teresa Soto.

Ella no oculta su satisfacción por ser voluntaria de nuestro periódico. “Hago esto por más de 27 años y mientras Dios me dé vida no veo ninguna razón para dejar de hacerlo. Disfruto lo que hago y amo servir a mi prójimo”. 

Originaria de Ciudad de Guatemala, se mudó a Washington, DC, con su familia a mediados de los años 60. Llegó de la mano de su padre don Jorge Benjamín Soto y con sus siete hermanos aprendió una nueva lengua, un nuevo estilo de vida y reafirmó sus convicciones católicas.

Soto aún recuerda con alegría las primeras misas en español que empezaron en la Capilla Latina (hoy parroquia Nuestra Señora Reina de las Américas), las reuniones con los primeros líderes hispanos en la Catedral de San Mateo Apóstol y el trabajo voluntario en el Centro Católico Hispano.  

“Siempre es hermoso ayudar al prójimo. Había tantas cosas que hacer que faltaban voluntarios. Mi hermana Luisa y yo compartimos mucho con la hermana Manuela y el padre O'Malley, quienes todo el tiempo nos decían que Dios siempre se alegraba cuando sus hijos asisten al hermano necesitado. La monja ya descansa en el cielo, el padre se convirtió en cardenal y yo sigo con el mismo entusiasmo repartiendo El Pregonero. Disfruto de las cosas simples de la vida”, expresó Soto.   

La voluntaria dio gracias a Dios por haber experimentado el servicio al prójimo a través del voluntariado: “Nunca dejé de repartir y nunca dejé de hablar español con mis hermanos inmigrantes. Dios y la Virgen María siempre nos mostraron la grandeza espiritual que se encuentra cuando se sirve de forma desinteresada al prójimo, especialmente al hermano que se siente solo en tierras extrañas”.  

Soto es consciente del paso implacable del tiempo y anhela que en algún momento otro voluntario hispano tome la posta y reparta en su “zona”. “Me gustaría que la repartición no se detenga, pues es un importante servicio informativo que brinda la Iglesia a la comunidad hispana. Quiero tanto al periódico, como lo quieren los latinos que lo reciben. El Pregonero no solo informa y sirve, sino que también transmite palabras de vida eterna y eso, simplemente, es hermoso”. 

Papa Francisco y voluntariado

Recientemente, el papa Francisco recordó que Santa Teresa de Lisieux decía que “nada es pequeño a los ojos de Dios” y recomendaba: “Haz todo lo que hagas con amor”. Siguiendo este ejemplo, a continuación, publicamos un resumen de los mensajes del Santo Padre a todos los voluntarios del mundo, quienes con sus pequeños actos de bondad pueden dejar una gran huella en el ser humano.

“El bien se realiza y es eficaz sobre todo cuando se hace sin buscar recompensa o para ser vistos, en las situaciones concretas de la vida diaria”, comentó en el Hospital del Cáncer (Roma).

"Este es el servicio más bonito que podemos realizar como discípulos misioneros: preparar el camino para que todos puedan conocer, encontrar y amar al Señor. Os quiero decir: Sean siempre generosos con Dios y con los otros. No se pierde nada, y en cambio, es grande la riqueza de vida que se recibe”, dijo en JMJ (Polonia).

“Les pido que sean constructores del futuro. Que se metan en el trabajo por un mundo mejor. Queridos jóvenes, por favor, ¡no balconeen la vida, métanse en ella! Jesús no se quedó en el balcón. Se metió. No balconeen la vida, métanse en ella como hizo Jesús”, expresó en JMJ (Brasil).