Foto/Jaclyn Lippelmann
Foto/Jaclyn Lippelmann

El 20 de junio de 2018, la Arquidiócesis de Nueva York anunció que una acusación por abuso de un adolescente varón contra el cardenal Theodore McCarrick cuando era sacerdote de Nueva York hace casi 50 años, se consideraba "creíble y justificada". El prelado jubilado fue posteriormente removido del ministerio público.

Al mismo tiempo del anuncio de la Arquidiócesis de Nueva York, la Arquidiócesis de Newark y la Diócesis de Metuchen en Nueva Jersey revelaron haber hecho arreglos financieros confidenciales y no divulgados en dos casos alegando que el Obispo McCarrick, cuando era obispo allí, incurrió en mala conducta con adultos seminaristas. Estos arreglos, según se supo más tarde, se realizaron en 2005, después de que el Arzobispo McCarrick ya prestaba servicios en la Arquidiócesis de Washington, y en 2007 después de su retiro. La Arquidiócesis de Washington no fue informada de esos arreglos, y ciertamente no estuvo involucrada en ellos. Ambos acuerdos confidenciales salieron a la luz solo en 2018.

El periódico The New York Times imprimió posteriormente el relato de un hombre, ahora de 60 años, que dijo que el padre McCarrick abusó de él en su juventud. Según los informes, McCarrick, como Obispo, continuó una relación sexualmente abusiva con el hombre durante casi dos décadas. El cardenal McCarrick, que se convirtió en el arzobispo de Washington en 2001 y se retiró en 2006, negó la primera acusación y no ha comentado los informes posteriores.

El 28 de julio, se anunció que el papa Francisco había aceptado la renuncia del Cardenal McCarrick del Colegio de Cardenales, y solicitó que el Cardenal McCarrick se retirara a una vida de oración y penitencia en reclusión hasta la finalización del proceso canónico.

El mismo día en que se hizo pública la acusación de Nueva York, el Cardenal Wuerl escribió una carta a los católicos locales, expresando conmoción y tristeza por las noticias, señalando que la determinación final del caso provendría de Roma. Dijo que una revisión de los registros de la Arquidiócesis de Washington encontró que no se hizo ningún tipo de reclamo en contra del ahora arzobispo McCarrick durante su mandato en Washington.

El Cardenal Wuerl señaló: "Nuestra primera prioridad como Iglesia es continuar ofreciendo apoyo espiritual y pastoral a los sobrevivientes de abuso y sus familias, y brindar asistencia para ayudarlos a sanar y encontrar la paz". Señaló que la arquidiócesis continuaría trabajando diligentemente para garantizar que las parroquias, las escuelas y los programas juveniles permanezcan seguros para los jóvenes confiados al cuidado de la Iglesia, y alentó a los católicos locales a orar por "todos aquellos que han sido víctimas de abuso, y por nuestra Iglesia, para que todos puedan experimentar el poder sanador de la gracia de Dios".

El siguiente es el texto de una entrevista con el Cardenal Wuerl hecha por El Pregonero un periódico de la Arquidiócesis de Washington.

1. En su carta a los católicos locales con respecto al Arzobispo McCarrick, usted hizo notar que la primera prioridad para la Iglesia es continuar su apoyo espiritual y pastoral para los sobrevivientes de abuso y sus familias. ¿Cuál es su mensaje para ellos después de las noticias sobre el Arzobispo McCarrick?

En cada comunicación con nuestros fieles católicos, clérigos, religiosos y laicos a medida que esta tragedia y sus detalles se desarrollaban, he enfatizado que nuestra primera preocupación debe ser siempre con aquellos que han sufrido abusos. En este caso, al igual que en otros casos, es imperativo que el liderazgo de la Iglesia Católica aliente a los sobrevivientes a dar un paso al frente, abordar los reclamos de abuso y enfocar su atención y cuidado en los sobrevivientes de abuso.

En nuestros ministerios espirituales y pastorales, continuaremos consolando, sanando y nutriendo a los más necesitados. Los apoyaremos a ellos y a sus familias, y les brindaremos asistencia para ayudarles a encontrar la paz y experimentar el poder sanador de la gracia de Dios.

2. Durante el mes pasado, el escándalo del Arzobispo McCarrick ha cambiado un par de veces. Inicialmente era sólo un reclamo en Nueva York, pero luego la Diócesis de Metuchen y la Arquidiócesis de Newark revelaron la existencia de acuerdos confidenciales por reclamos hechos por adultos en su contra. También ha habido numerosas historias o publicaciones en blogs que repetían rumores o insinuaciones de larga data que podrían existir con respecto al Arzobispo McCarrick. ¿Cómo se abordarán?

En el último mes, he visto algunos de esos informes ahora públicos. Pero en mis años aquí en Washington e incluso antes de eso, no los había escuchado. Con los rumores, especialmente los antiguos rumores que datan de hace 30, 40 o incluso 50 años, no hay mucho que podamos hacer a menos que las personas compartan lo que saben o lo que experimentaron.

La acción tomada por el papa Francisco en los últimos días, aceptando la renuncia del Arzobispo McCarrick del Colegio de Cardenales afirma lo que muchos de nosotros hemos estado diciendo durante algún tiempo: que la Iglesia debe actuar de manera decisiva para demostrar que hemos escuchado las voces de los fieles que demandan acción. Hasta ese punto, sigue siendo importante para nosotros tener la imagen más completa de las acusaciones contra el Arzobispo McCarrick.

Estamos viendo a algunos valientes sobrevivientes dar un paso adelante para hablar con los medios y compartir sus historias. Este es un buen primer paso, pero espero que estas personas y cualquier otra persona con reclamos de abuso se presenten y hablen con las autoridades de la Iglesia, ya sea aquí en la Arquidiócesis de Washington o en la diócesis donde residen. Las acusaciones que se han hecho son profundamente preocupantes; las personas no deberían tener que cargarlas solos. La Iglesia quiere acompañar a los que sufren, para ofrecerles ayuda pastoral o terapéutica, para ayudarles a sanar sus heridas.

Entendemos que para aquellos que han sido abusados, existe el temor de represalias o vergüenza, que el enojo permanece, y que tal vez dudan de que se haga justicia. La Iglesia Católica ha pasado muchos años trabajando para crear un entorno para que los sobrevivientes cuenten sus historias, y trabajando para actuar según sus reclamos, pero entiendo su vacilación incluso hoy en día. Sin embargo, espero que las personas con conocimiento de tales actos se presenten para que podamos investigar y dar a esos reclamos una consideración plena y justa. Es por eso que seguimos haciendo un llamado para que se presenten, a todos los que tengan información.

3. Usted se reunió con los sacerdotes de la Arquidiócesis de Washington para discutir este asunto. Esta noticia debe ser especialmente desgarradora para los sacerdotes que trabajaron con el Arzobispo McCarrick, los que fueron ordenados por él o que sirvieron en parroquias u otros ministerios cuando él era arzobispo aquí. ¿Cómo pueden encontrar curación al enfrentar este asunto?

Los sacerdotes en particular sienten el dolor del fracaso de un hermano sacerdote. Los lazos de compromiso y ministerio son fuertes y podemos sentir una desilusión extraordinaria. Los sacerdotes también me recuerdan que cuando hay un fracaso en las acciones de un sacerdote, todos somos responsables de alguna manera.

En la reunión con nuestros sacerdotes, creo que todos reconocimos el dolor y la tristeza de la condición humana, nuestra necesidad de la gracia de Dios todos los días para llevar a cabo nuestro ministerio, y nuestra necesidad de apoyarnos unos a otros justo cuando luchamos para apoyar a los fieles confiados a nuestro cuidado.

Una forma de por lo menos comenzar el proceso es hablar francamente sobre el asunto, y eso fue lo que hicimos en nuestra reunión. Discutimos los informes de los medios sobre los rumores que involucraban al arzobispo McCarrick y que hasta que la acusación de Nueva York se hiciera pública, realmente no había habido confirmación de ellos, ciertamente no aquí en Washington. Y me preguntaron si tenía conocimiento de la acusación específica en Nueva York, que yo nunca había escuchado antes. Por lo tanto, fue una conversación franca.

Compartimos la convicción de que cualquier comportamiento abusivo, cualquier forma de acoso o mala conducta sexual es una traición a nuestras promesas de ordenación. El tratar de entender cómo sucedió esto, nos permite a cada uno de nosotros comunicarnos mejor con aquellos a quienes servimos que se sienten tan decepcionados y heridos, si no más por el abuso de confianza.

4. También se reunió con los seminaristas de la arquidiócesis y habló con ellos sobre esto. ¿Cuáles son sus esperanzas y oraciones para que estos hombres avancen, mientras continúan discerniendo un llamado para servir a Cristo y su Iglesia como sacerdotes?

Mi preocupación por los seminaristas es que no vean empañado su celo e idealismo por el fracaso de ningún sacerdote. Una de las cosas reconfortantes para mí en esa reunión, mientras escuchaba sus comentarios y observaciones, fue el reconocimiento de que estos jóvenes están firmemente arraigados en su fe y su vida espiritual está verdaderamente centrada en Jesús, el Señor. Me quedé impresionado con su madurez. Ellos son los herederos de la experiencia de las redes sociales y, por lo tanto, no están del todo sorprendidos por esas trágicas noticias. Decepcionados sí, pero el abuso sexual en nuestra cultura y sociedad no es nuevo para ellos.

Sostenemos este gran tesoro en vasijas de barro, nos dice San Pablo. El seminario es un lugar donde tratamos de darnos cuenta aún más de cuán precioso es el tesoro y de nuestra necesidad, como un recipiente de barro, de estar lo más atentos posible al trabajo de la gracia de Dios en nuestras vidas. Fue importante que nos reuniéramos en el Seminario San Juan Pablo II, que rezáramos juntos por los sobrevivientes del abuso, y que reafirmáramos nuestro compromiso de reflejar el amor y la misericordia de Cristo en nuestro camino vocacional.

En cada ordenación y durante todo el año, hablo con mis hermanos sacerdotes y nuestros seminaristas sobre la vida santa a la que somos llamados, y sobre el amor fiel que está en el corazón del ministerio sacerdotal. Mantenernos fieles a esa llamada, tratando de ser iconos de Cristo en nuestra comunidad y en nuestro mundo, es necesario hoy más que nunca.

5. La familia de fe de la Arquidiócesis de Washington ha experimentado también, en sus parroquias, escuelas y agencias, el impacto y la decepción de las noticias que involucran a su ex arzobispo. ¿Cómo espera que puedan encontrar la sanación?

Las noticias sobre el Arzobispo McCarrick fueron una gran sorpresa para nuestra Iglesia en Washington. Existe una rabia comprensible, tanto a nivel personal debido a los cargos, como a nivel más general en la Iglesia. Nuestros fieles han vivido antes esos escándalos y exigen responsabilidad. Creo que las acciones tomadas por el papa Francisco reflejan claramente el entendimiento de que debemos actuar rápidamente para abordar los reclamos de cualquier forma de abuso o infracciones graves de confianza por parte de los ministros de la Iglesia, sin importar quiénes sean o qué posición ocupen. Reconocer tales infracciones graves de confianza y buscar el perdón abren las puertas para la sanación.

El punto de partida para nuestra propia sanación es el reconocimiento de que Dios está con su Iglesia y que la Iglesia no depende de ningún ser humano individual, y que la gracia de Dios obra entre nosotros a través de todos aquellos a quienes él llama al ministerio o cualquier otro camino particular en la vida.

Espero que no perdamos de vista la visión más amplia de nuestra Iglesia. En toda la arquidiócesis tenemos muchos, muchos buenos sacerdotes, diáconos y religiosos, tenemos personal laico y voluntarios en parroquias y Caridades Católicas que hacen cosas increíbles para sus vecinos todos los días. Por toda la atención que debemos prestar a la crisis actual, espero que, como parte del proceso de curación, veamos el bien que realizamos todos los días y que continuemos compartiendo el amor de Dios en toda nuestra arquidiócesis.

Abrir nuestros corazones a Dios en oración también ayuda a sanar, y nuestra fe nos ayuda a ver más allá del fracaso de cualquier persona, y nos ayuda a aferrarnos al misterio de la bondad de Dios en el trabajo en este mundo y en la Iglesia, el Cuerpo místico de Cristo, y en el sacerdocio que se vive en tantos sacerdotes buenos, efectivos, afectuosos y fieles. Debemos orar por todos los que puedan haber sido perjudicados de algún modo por el Arzobispo McCarrick, y también debemos orar por él.

6. Cuando se escuchan escándalos en la Iglesia Católica, hay personas en la comunidad más amplia, incluidas algunas que se han apartado de la Iglesia, que podrían considerar tales noticias como una reafirmación de su incredulidad en la Iglesia como institución o en la verdad que ella busca enseñar. ¿Qué les diría a ellos?

Es comprensible que algunas personas escuchen estas últimas noticias y las vean como una confirmación de su falta de fe en la Iglesia o de su falta de confianza en su liderazgo. La gente estaba justamente enojada por los escándalos de abuso sexual infantil, que seguimos abordando. Esto significa que debemos trabajar más duro.

Tal vez una de las razones por las que las noticias sobre el Arzobispo McCarrick fueron tan asombrosas fue porque aquí en Washington, habíamos logrado juntos grandes avances, no sólo en aumentar la fe, sino también en ayudar a los necesitados y, sí, en proteger a los miembros más vulnerables de nuestra comunidad.

Si bien los informes de abusos sexuales casi siempre se refieren a acciones llevadas a cabo años e incluso décadas atrás, debemos continuar tomándolos en serio, investigarlos completamente y ofrecer apoyo y sanación a los sobrevivientes.

Nuestro propio récord en esta Arquidiócesis es que hemos hecho en el pasado, y continuamos haciendo ahora, todos los esfuerzos para abordar el abuso. Nuestra Arquidiócesis tiene una Política de Protección Infantil bien desarrollada e implementada y una Junta Asesora de Protección Infantil que funciona bien y se reúne regularmente y revisa la política y su implementación.

La auditoría anual realizada por un equipo externo de auditoría profesional ha confirmado consistentemente la calidad de nuestros programas de protección y educación y nuestra fidelidad a la Carta para la Protección de Niños y Jóvenes.

Esto no mitiga en modo alguno el dolor que estas supuestas acciones han provocado en los sobrevivientes y sus familias, y en los miembros de la Iglesia. Estamos en un momento en el que, nuevamente, debemos reconocer tal maldad siempre que ocurra. Debemos continuar presionando con lo que se inició en la reunión de junio de 2002 en Dallas para abordar, como una Conferencia de Obispos, la cuestión del abuso del clero.

Los esfuerzos en educación, prevención y protección infantil se han consolidado. El hecho de que sigamos lidiando con escándalos de hace décadas, al tiempo que vemos muchas menos reclamaciones por abuso en los tiempos actuales, es un recordatorio de lo que debemos continuar haciendo. Es un recordatorio de que debemos crear un entorno en el que los sobrevivientes continúen buscando justicia y sanación, y que nosotros como Iglesia debemos reconocer el dolor de todos los afectados por el abuso y hacer todo lo posible para brindarles la gracia y la sanidad de Dios.

Personalmente, yo he logrado un gran consuelo del reconocimiento de que, como su Divino Maestro y Fundador, la Iglesia es una realidad encarnada. Tiene un aspecto tanto divino como humano. La Iglesia es el hogar de la presencia continua de Cristo, en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía, en la Palabra de Dios, y en las vidas y obras de caridad de tantos fieles. No obstante, todo eso se transmite a través de los seres humanos. Jesús eligió fundar su Iglesia en los Apóstoles y los llamó a llevar a cabo su trabajo.

En la larga historia de la Iglesia, no todos los obispos, los sucesores de los Apóstoles, han sido perfectos. Esa es una realidad con la que vivimos porque entendemos que todos somos pecadores que necesitan la gracia y la misericordia de Dios. Mientras tanto, nuestra tarea es apoyarnos unos a otros y ayudarnos mutuamente a ser todo lo que Cristo nos pide que seamos, defender y vivir en su verdad.