El cardenal Donald Wuerl Arzobispo de Washington, conversa con estudiantes de la Escuela San Miguel sobre proyectos educativos sobre el medio ambiente. (Foto/Jaclyn Lippelmann)
El cardenal Donald Wuerl Arzobispo de Washington, conversa con estudiantes de la Escuela San Miguel sobre proyectos educativos sobre el medio ambiente. (Foto/Jaclyn Lippelmann)

Queridos amigos:

La Semana Nacional de las Escuelas Católicas fue creada para elevar la conciencia sobre el tema y para dar gracias por la bendición de la educación católica en Estados Unidos. El lema de la celebración de este año, "Escuelas Católicas: Comunidades de Fe, Conocimiento y Servicio", describe adecuadamente los hogares nutritivos que son las escuelas católicas –lugares de educación excepcional donde se fomenta en nuestra gente joven una vida de valores basados en la fe y la donación propia a la luz del amor y la verdad de Jesucristo.

Algunos pueden cuestionar incluso por qué tenemos escuelas católicas cuando hay escuelas públicas con apoyo tributario. La respuesta es que Jesús mismo enseñó y así enseñamos nosotros. Mucho antes de que el estado estableciera escuelas, la Iglesia entendió que uno de sus roles fundamentales es enseñar –descubrir y conocer la verdad, y enseñarla. Como atestigua el Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelización, los jóvenes tienen derecho a esta educación.

Además, las escuelas católicas ofrecen algo que otras no ofrecen. En un momento en que se espera que las personas mantengan su fe en sí mismas, en nuestras escuelas católicas, los estudiantes y maestros tienen la libertad de expresar y vivir abiertamente su identidad religiosa. Nuestros jóvenes no están limitados en su aprendizaje y crecimiento personal por nociones laicistas que excluyen a Dios, sino que reciben, en cambio, la formación integral de toda la persona, intelectual y  espiritualmente. En esta forma, con sus corazones y mentes tocadas por el Evangelio, los estudiantes están magníficamente preparados para construir un futuro positivo para ellos mismos y ayudar a construir una cultura de bondad y generosidad, paz y justicia.

Nuestras escuelas católicas también reconocen y apoyan la prerrogativa fundamental de los padres de dirigir la educación de sus hijos. Los padres, en particular, "gozan del derecho a elegir libremente el tipo de educación –accesible y de buena calidad– que desean dar a sus hijos de acuerdo con sus convicciones", afirma el papa Francisco (Amoris Laetitia, 84). El derecho a escoger sin los medios financieros para ejercerlo no es un verdadero "derecho". Por lo tanto, acogemos con beneplácito esas iniciativas de financiación equitativa que ayudan a los padres a ser capaces de hacer realidad su elección de escuelas. Estas incluyen la Beca de Oportunidad del DC y los programas de Ampliación de Opciones y Oportunidades para Estudiantes de Maryland, además de nuestro propio programa  arquidiocesano de Ayuda de Matrícula, y becas ofrecidas por organizaciones del área para ayudar a los padres a enviar a sus hijos a escuelas católicas.

Todos podemos estar orgullosos de nuestras escuelas católicas. Manifestando el reino de la luz y el amor, estos benditos lugares de aprendizaje enriquecen la vida de nuestros jóvenes y toda nuestra familia de fe, tanto como plantan las semillas de la renovación del orden temporal.

Agradecido por la dedicación de todos los que ayudan a hacer posibles nuestras escuelas católicas, y pidiendo que las bendiciones de Dios continúen sobre ustedes, me suscribo

Fielmente en Cristo,

Cardenal Donald Wuerl

Arzobispo de Washington