Nacimiento en la plaza San Pedro en espera de la llegada de la Nochebuena. (CNS photo/Paul Haring)
Nacimiento en la plaza San Pedro en espera de la llegada de la Nochebuena. (CNS photo/Paul Haring)

La Navidad celebra el momento más notable y emocionante de la experiencia humana. ¿Qué otro acontecimiento en la historia ha inspirado y conducido a más bondad, alegría, amor, belleza que el nacimiento de Jesús? ¿Quién más trae salvación y nueva vida?

En la plenitud del tiempo, hace dos milenios, el cielo y la tierra se unieron con el nacimiento de Aquel que nos libera de todas las limitaciones del fracaso humano y de todas las incertidumbres de por qué estamos aquí, cuál es el propósito de la vida y cómo debemos vivir nosotros. Nacido en una familia humana, el Señor Jesús invita a toda la humanidad a ser su familia también, a ser sus hermanas y hermanos, hijos adoptivos de su Padre celestial. En el corazón de todos está el reconocimiento de que somos amados completamente e incondicionalmente.

De vez en cuando, la gente pregunta qué es lo que la Iglesia tiene que ofrecer a nuestra sociedad y cultura. Lo que nosotros traemos es la Buena Nueva de Jesucristo.

La Navidad es nuestro regalo para el mundo. La Navidad es el don de la Iglesia, de cada cristiano, a sus vecinos, a su comunidad, a las naciones.

Nosotros traemos a nuestros vecinos y comunidades los villancicos, las luces, la alegría y buen ánimo de la temporada, y mucho más. Alegría y belleza, paz y buena voluntad, esperanza y promesas cumplidas - todas estas y más cosas buenas que constituyen la Navidad las otorgamos como presente a todas las mujeres, hombres y niños. Sobre todo le damos al mundo la maravilla y la Buena Nueva del recién nacido Niño de Belén.

Hay quienes saben que la historia y la promesa de la Navidad son ciertas. Luego hay también aquellas personas que no pueden creer, por cualquier razón, pero en el fondo quieren que sea verdad. En medio de toda la comercialización y el materialismo, la verdadera Navidad continúa brillando y la gente anhela que la bondad, la comodidad y la alegría de esta temporada santa sean una realidad en sus vidas.

Los testigos que proclamaron por primera vez la noticia de una gran alegría fueron los ángeles. Pero ahora somos nosotros los que damos testimonio del nacimiento del Salvador. Nosotros, la Iglesia, estuvimos allí y somos capaces de decirle a quienes nos encontramos hoy, "la Navidad es verdad. Todo es maravillosamente y gloriosamente cierto.

Tan compleja y confusa como puede parecer la vida en ocasiones, podemos atestiguar que no nos queda más por hacer que seguir nuestro camino a través de todos los desafíos e incertidumbres de la vida, con todas las dificultades de la condición humana y la fragilidad de las relaciones humanas.

En el nacimiento de Jesús en la Navidad, Dios ha venido a morar entre nosotros, cumpliendo nuestra más profunda necesidad humana de un amor infinito, estable y seguro. Él vino a traer buenas nuevas, a darnos esperanza y gozo, justicia y paz. Pero aún hay más. Jesús es Emmanuel, Dios-con-nosotros, el Señor eterno que ha tomado nuestra naturaleza humana para que él pueda resucitar y darnos nueva vida, de manera que podamos compartir en su vida divina.

Ningún acontecimiento en la experiencia humana es más emocionante y definitorio que Dios convirtiéndose en uno de nosotros en Jesucristo. Nadie ha cambiado tanto la historia como lo ha hecho este niño Hijo de María, el Verbo hecho carne. Él es el que le da sentido a nuestras vidas, nos libera de las limitaciones de la condición humana, nos cura de nuestras heridas espirituales e incluso nos salva de la muerte.

Todos necesitamos escuchar esta Buena Noticia. Todos necesitamos saber que esta Buena Noticia no es sólo una sensación de sentirse bien.

Navidad no es sólo una historia para calentar los corazones de la gente. Nosotros, el pueblo de Dios, poseemos una gran y permanente verdad: El Señor está preocupado por cada uno de nosotros, él nos ama a cada uno de nosotros, y se ha revelado en la humildad de un pesebre, buscando una relación viva y personal con nosotros.

Dios nos ha bendecido con el don perfecto de su Hijo, Jesús. Coloquemos ahora frente al pesebre nuestros propios dones de fe, de esperanza y de amor. La Navidad es un tiempo para compartir la presencia permanente y  el amor del Señor, y para invitar a aquellos que encontremos a venir a degustar la dulzura de los primeros frutos de una nueva humanidad.

Que ésta sea una temporada de confianza en la fe, alegría y paz para ustedes y sus familias, y un tiempo en el cual, en nuestras propias vidas, la tierra realmente se encuentra con el cielo. ¡Una feliz y bendita Navidad para todos!