Con diciembre llega el Adviento, un tiempo de preparación y anticipación gozosa para la venida del Señor, que refleja los anhelos de la humanidad por un Salvador que haga todas las cosas correctas. El Adviento y la próxima Navidad son signos de misericordia, ofreciendo a toda la humanidad las bendiciones de esperan-za y liberación en medio de la condición humana. En el centro de todo esto está el recién nacido Niño de Belén, Jesucristo, quien es para siempre el rostro de las tiernas misericordias de Dios y de nuestra salvación.
El Adviento de este año llega mientras vemos hacia el futuro y cómo continuaremos la divina experiencia que fue nuestra durante el Jubileo de la Mi-sericordia que concluyó en la solemnidad de Cristo Rey. Al proclamar este extraordinario año santo de gracia, el papa Francisco nos dijo que iba a ser una ocasión especial para encontrarnos y convertirnos en testigos más fuertes de la misericordia, el corazón palpitante del Evangelio (Misericordiae Vultus, 2-3).
Ese desafío sigue siendo nuestro mientras estamos de pie sobre el fundamento del Jubileo de la Misericordia y los logros de ese tiempo particular de gracia.
Según la tradición, un jubileo es "un año de gracia del Señor", un tiempo de redención y perdón inmerecidos. Aunque ellas no se pueden enumerar aquí, a través del año santo hubo una serie de iniciativas para que la gente experimentara las gracias de Cristo y su Iglesia a través de los sacramentos, programas arquidiocesanos y parroquiales, y de extensión. Cada una de esas iniciativas continúa a su manera, y estamos llamados a ver cómo en nuestras propias vidas perdura esa efusión de misericordia, compasión y perdón.
Nuestro Santo Padre inició el Jubileo en Roma abriendo la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro. Aquí, localmente, tuve el privilegio de abrir una Puerta Santa en la Catedral de San Mateo Apóstol, la iglesia madre de la arquidiócesis, así como una en la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción. Esta Puerta Santa de la Misericordia en cada iglesia, a través de la cual entraron innumerables peregrinos, sirvió de portal para aquellos que deseaban experimentar el amor de Dios que consuela, perdona e inculca esperanza. Para nosotros, hoy, es necesario ver la puerta del confesionario como una extensión continua de la presencia de la Puerta Santa de la Misericordia.
El bien y el mal, la grandeza y la miseria, la santidad y el pecado marcan  juntos el misterio de la condición humana. A través de todo esto, la vida humana es tocada por el amor misericordioso de Dios. De una manera particular, en las simples acciones de contrición, confesión sacramental, absolución y penitencia, somos restaurados a una vida completamente nueva. Este año, una vez más, tendremos la campaña "La luz está encendida", como lo hicimos antes y durante el Jubileo, para continuar nues-tro énfasis en la gran maravilla del amor de Dios en la Confesión.
Mostrando un ejemplo de nuestros esfuerzos en la Nueva Evangelización, la arquidiócesis aumentó su presencia en la web y en las redes sociales con la creación de un sitio web y hashtag especiales, mercy.adw.org y #EncounterMercy, para compartir recursos y reflexiones pastorales y catequéticas. También se produjo una serie de videos de seis episodios titulada Campus Mercy, que pueden verse en el canal WashArchdiocese You Tube. Las parroquias también ofrecieron programas especiales y de extensión testificando la misericordia de Dios. Todo esto, en una forma u otra, constituirá la base para los futuros programas de extensión, parti-cularmente a través de los medios electrónicos, tanto a nivel de la arquidiócesis como en la participación de la parroquia.
También nos gustaría pensar que lo que aprendimos acerca de las obras corporales y espirituales de misericordia aumentará nuestra apreciación del inestimable testimonio evangélico de Caridades Católicas, que atiende anualmente a más de 120.000 de nuestros hermanos y hermanas en la comunidad. Esta Iglesia local continuará ofreciendo oportunidades para que la gente ayude a aquellos con necesidades materiales y espirituales. Espero que también siga-mos utilizando el "Auto del Papa", usado por nuestro Santo Padre durante su visita aquí, para resaltar las muchas dimensiones de extensión de Caridades Católicas.
Si bien la arquidiócesis instituyó un programa de perdón de deudas que da a las parroquias un nuevo comienzo, necesitamos continuar en este nuevo año de gracia tratando de vivir dentro de nuestros propios medios para no caer en nuevas deudas. Pero al mismo tiempo, tenemos que encontrar también mane-ras de compartir algunas de nuestras bendiciones para que los más necesitados en esta arquidiócesis puedan encontrar algún apoyo.
Otro aspecto de nuestro ministerio que debemos resaltar a medida que avanzamos hacia el futuro es nuestro ministerio a las personas heridas por el aborto. Durante el Jubileo, celebramos el 25 aniversario del Proyecto Raquel que se enfoca en la sanación que debe estar disponible para los que han sufrido un aborto.
Tal vez el mayor legado del Jubileo de la Misericordia será el regalo de la exhortación apostólica del papa Francisco Amoris Laetitia. Este atractivo llamado a reconocer la belleza del amor humano como un reflejo del amor de Dios por nosotros continuará siendo implementado en el ministerio pastoral. A medida que la prioridad de la caridad y la misericordia en la enseñanza moral católica se pone en acción, reconocemos además que en el camino también nos estamos acercando al Señor.
En todo nuestro servicio de caridad, evangelización, catequesis y consejería durante el Jubileo, recordemos en esta época de Adviento y más allá que la mi-sericordia de Dios "es un manantial que nunca se agotará, no importa cuántas personas se acerquen a él. Cada vez que alguien tiene necesidad, él o ella puede acercarse a él, porque la misericordia de Dios nunca termina" (Misericordiae Vultus, 25).
Aunque el Jubileo puede haber terminado formalmente, la invitación del Señor a la misericordia y su amor compasivo permanece siempre presentes. La historia de Dios, abundante en amor fiel y misericordia, y mirando con bene-volencia a la humanidad, es siempre nueva. Lo que hace que la historia sea aún más abrumadora es que en Jesús, la encarnación de la misericordia, Dios se ha convertido en uno de nosotros y permanece con nosotros para siempre.