Una vez más se acerca nuestra Campaña anual del Cardenal y me gustaría invitarlos a participar en ella. Cada año le pido ayuda a los fieles de esta iglesia arquidiocesana simplemente porque son tan generosos y porque hay tanta gente con necesidad.

El salmista dice: "Bienaventurados los que siguen la ley del Señor" (119,1). Jesús nos dice en su Sermón de la Montaña que no nos preocupemos de almacenar riquezas en la tierra para nosotros mismos, sino de "buscar primero el Reino de Dios" (Mateo 6,33). Este precepto establece el contexto y el tema de la Campaña, y es precisamente bajo esta luz que todo lo que hacemos tiene sentido.

La palabra de Dios enfatiza cuán importante es que sigamos su ley, que debemos buscar primero su reino. Hemos sido creados por Dios de acuerdo con su plan de que debemos seguir nuestro camino a través de la vida para disfrutar para siempre su presencia en el cielo. Guiarnos a lo largo del camino es la ley de Dios escrita en nuestros corazones y proclamada en la Sagrada Escritura.

Muchas personas hoy se sienten incómodas con la idea de la ley. Se ve como una imposición sobre la libertad personal y por lo tanto una limitación molesta e innecesaria. Sin embargo, la ley del Señor no es como las leyes humanas que a menudo son onerosas y restrictivas. La ley del reino de Dios es amor y paz, bondad y verdad. Es una ley que nos llama a ver el rostro de Cristo en aquellos que nos rodean que tienen grandes necesidades.

Reconociendo con un corazón sincero nuestras obligaciones, primero con el Señor y luego con los demás, nuestra preocupación del uno por el otro se basa en lo que San Pablo llama "sabiduría de Dios", no la sabiduría humana de esta época que con demasiada frecuencia sustituye nuestro camino por el camino de Dios, sino la sabiduría del Espíritu de amor (1 Corintios 2,6-10). El Apóstol añade que debemos ser considerados como "servidores de Cristo y administradores de las obras misteriosas de Dios" (1 Corintios 4,1).

Porque vemos con los ojos de la fe, reconocemos que sólo en esta clara apertura a la voluntad de Dios es que lo que hacemos no sólo adquiere una importancia y valor especial, sino que realmente participa en su reino entre nosotros. Reconocemos quiénes somos como familia de Dios y hacemos nuestro mejor esfuerzo para ver que el amor de Dios funcione a través de nosotros. Este es el desafío único de la vida cristiana.

Cada uno de nosotros está llamado a buscar el reino de Dios y a ver sus comienzos realizados aquí y ahora en nuestras palabras y hechos. Una forma es a través de la Campaña del Cardenal que llega a tantas personas que necesitan nuestra ayuda, incluso cuando buscan ver señales del reino y del amor de Dios en sus vidas. Podemos ser parte de su experiencia del amor de Dios tocándolos. Podemos ayudarles a reconocer el don del reino.

Gracias a sus amables donativos, todos nosotros, trabajando juntos, podemos hacer lo que individualmente o incluso como una parroquia podríamos ser incapaces de hacer. Es la Campaña del Cardenal la que sustenta nuestro programa de formación - este año para cerca de 80 futuros sacerdotes - la educación continua de los sacerdotes en el ministerio y el cuidado de nuestros sacerdotes jubilados y enfermos. Su generosidad apoya también: las buenas obras de Caridades Católicas y su alcance a más de 120.000 personas cada año; la supervisión y dirección de la educación católica y la ayuda de matrícula a cientos de estudiantes en nuestras escuelas católicas; capellanes que llevan comodidad, consuelo y los sacramentos a nuestras hermanas y hermanos en los hospitales, en los recintos universitarios y en los centros de detención; y nuestros esfuerzos para proteger la vida humana y la dignidad para todos.

Todo esto y muchas más cosas buenas se logran a través de la Campaña del Cardenal. Pero lo que también es importante es que juntos renovemos nuestro compromiso como una comunidad de fe, como la Iglesia de Cristo aquí en la Arquidiócesis de Washington, para responder al llamado del Señor de que nos preocupemos los unos por los otros. Para aprender más, por favor hable con su párroco o visite el portal appeal.adw.org.

Cada año tengo la oportunidad de agradecer a ustedes por su participación en la Campaña del Cardenal y pedirles que continúen ayudándome  en mi ministerio pastoral y toda nuestra familia de fe. Respondamos juntos al llamado para que nuestras obras hablen por nosotros y dejemos que nuestras buenas acciones manifiesten nuestros esfuerzos para lograr un mundo de justicia, verdad, paz y amor. Siguiendo la ley del Señor, la ley del amor, somos realmente bendecidos.   En esta esperanza, nuestra fidelidad y bondad podrían, de hecho, ayudarnos a merecer, como nos dice el Evangelio, entrar en el reino de los cielos.