¡Alégrense en el Señor siempre!  ¡Lo digo de nuevo, alégrense!  Un año ha pasado desde que el papa Francisco visitó la Iglesia de Washington, sin embargo los recuerdos aún están frescos y las imágenes vívidas. Al conmemorar este aniversario, sus palabras de alegría en Cristo y su Evangelio resuenan de nuevo en nuestros corazones.

La visita del papa Francisco, el signo visible de la roca sobre la que nuestro Señor Jesús fundó su Iglesia, ha sido y continúa siendo un tiempo de gracia. El corazón de su misión, según le explicó a los obispos del país, fue "dar testimonio de la inmensidad del amor de Dios", y la amplitud de su viaje en función de las personas que conoció –desde los que tienen poder hasta los marginados– demostró la profundidad de su preocupación pastoral.

El Santo Padre nos recordó a los seguidores de Cristo nuestro llamado a ser discípulos misioneros, a dar testimonio de la Buena Nueva a las muchas personas que están en busca de significado, propósito y un rayo de esperanza. Mientras tanto, le pidió a las personas de todas las creencias atravesar los límites de la política, la ideología, y las fuentes de división para trabajar por el bien común, especialmente para cuidar de la vida y la dignidad de aquellos que son vulnerables y marginados.

En el centro de la visita del papa Francisco estuvo la liturgia eucarística en la escalinata de la Basílica del San-tuario Nacional de la Inmaculada Concepción, en donde el padre franciscano Junípero Serra, el extraordinario misionero que evangelizó esta tierra, fue declarado santo. Ver al primer papa del Nuevo Mundo celebrar la primera misa de canonización aquí en Estados Unidos es una historia para recordar siempre. Mientras tanto, en la multitud, los rostros de todo el mundo estaban en exhibición.

Nuestro Santo Padre nos recordó que somos herederos de un "espíritu misionero audaz", citando cómo un animado San Junípero "aprendió la forma de hacer nacer y nutrir la vida de Dios en los rostros de todos los que conoció; él los hizo sus hermanos y hermanas". Del mismo modo, dijo, nosotros también estamos llamados a "salir a proclamar el abrazo misericordioso del Padre". "Salgan a anunciar la Buena Nueva, que el error, las ilusiones engañosas y las falsedades no tienen la última palabra en la vida de una persona".

Haciendo notar que el mundo "ya está tan desgarrado y dividido, el quebrantamiento está ahora en todas partes", el pontífice puso especial énfasis en el encuentro y la unidad. Hablando a los obispos, dijo que es esencial para la Iglesia ofrecer el "poderoso fermento de la comunión" y "ser un hogar humilde, un fuego fami-liar que atrae a hombres y mujeres a través de la luz atractiva y el calor del amor".

Del mismo modo, el papa Francisco puso gran énfasis en la solidaridad, al reunirse con el Presidente y el Congreso en pleno. Instando a los legisladores a "enfrentar todas las formas de polarización que podrían dividirnos", dijo: "Nuestros esfuerzos deben tener como objetivo restablecer la esperanza, corregir los errores, mantener los compromisos, y promover así el bienestar de los individuos y de los pueblos. Debemos avanzar juntos, como uno solo, en un renovado espíritu de fraternidad y solidaridad, cooperando generosamente por el bien común".

En este esfuerzo, dijo, "es importante que hoy en día, como en el pasado, la voz de la fe siga siendo escuchada, porque es una voz de fraternidad y amor, que trata de sacar a flote lo mejor de cada persona y de cada sociedad". Más particularmente, afirmó que "toda vida es sagrada, todo ser humano está dotado de una dignidad inalienable".

El papa Francisco levantó la dignidad de cada persona como hijo de Dios de una manera profunda cuando se reunió con algunos de nuestros hermanos y hermanas en necesidad en la iglesia de San Patricio y en Caridades Católicas. "Hay muchas situaciones injustas, pero sabemos que Dios sufre con nosotros, experimentándolas a nuestro lado. Él no nos abandona", les aseguró. Luego, después de su charla, fue emocionante ver a tantos de ellos reunirse a su alrededor para estar cerca de este humilde pastor de almas que simplemente compartía con ellos el amor de Jesucristo (ver Hechos 3, 6).

El tema local para la visita papal, "Comparte la alegría, Camina con Francisco", se convirtió en una realidad viva pues dondequiera que iba había una sensación de euforia y afecto. Yo siempre recordaré las imágenes y sonidos de la vitalidad, la juventud y el futuro de la Iglesia, especialmente los más de 3.000 seminaristas, novicias y postulantes de todo el país, quienes saludaron con entusiasmo al sucesor de San Pedro, en la Basílica.

Las semillas de fe que el papa Francisco esparció aquí están dando sus  frutos a medida que el mensaje del Evangelio que él trajo se entrelaza en el tejido de la experiencia humana. La altamente exitosa iniciativa Camina con Francisco y la campaña asociada en los medios sociales, que incluyó a más de 100.000 personas ofreciendo oración, servicio y acción, están aún en proceso y haciendo brotar nuevas ramas, nuevas oportunidades para llevar a otros la esperanza del Evangelio y compartir la alegría de saber que somos amados por Dios.

La visita del Vicario de Cristo fue un recordatorio a cada uno de nosotros, para ayudar a manifestar el reino de Cristo con nuestros propios dones y  habilidades personales. Por lo tanto, este aniversario no debe ser simplemente un momento de recuerdos del pasado, sino que, como él nos instó a hacer en la misa de canonización, debe ser un emplazamiento para "seguir avanzando" en la proclamación de la esperanza y la alegría del Evangelio.