Podemos imaginar  al Señor resucitado, que nos llama a salir de nuestras tinieblas, y nosotros nos encaminamos hacia Él, que es la Luz. Y  la Cuaresma es un camino hacia Jesús resucitado, es un tiempo de penitencia, incluso de  mortificación, pero no es un fin en sí misma: el fin es hacernos resurgir con Cristo, para renovar nuestra identidad bautismal, es decir renacer de nuevo "desde arriba", desde el amor de Dios. Por eso  la Cuaresma es, por su naturaleza, un tiempo de esperanza.

El significado de la Cuaresma se entiende mejor a la luz del éxodo de los israelitas de Egipto que la Biblia narra en el libro del mismo nombre: Éxodo.

El punto de partida es la condición de esclavitud en Egipto, la opresión, los trabajos forzados. Pero el Señor no se olvida de su pueblo y de su promesa: llama a Moisés y, con su brazo fuerte, hace salir a los israelitas de Egipto y los guía  a través del desierto hacia la tierra de la libertad.

Durante ese camino de la esclavitud a la libertad, el Señor da a los israelitas la ley, para educarlos  a amar al único Señor, y a amarse entre ellos como hermanos.  La Escritura muestra que el éxodo es largo y arduo: dura simbólicamente  40 años, el tiempo de vida de una generación. Una generación que, frente a las pruebas del camino, siempre está tentada por la añoranza de volver a  Egipto . Todos nosotros también conocemos la tentación de volver atrás, todos. Pero el Señor permanece fiel y  esa pobre gente, guiada por Moisés, llega a la Tierra prometida. Y todo el camino se recorre con esperanza: la esperanza de alcanzar  la Tierra. Precisamente, en ese sentido, se trata de un "éxodo", una salida de la esclavitud a la libertad. Y estos 40 días son también para todos nosotros un salir de la esclavitud, del pecado a la libertad, al encuentro con Cristo Resucitado. Cada paso, cada esfuerzo, cada prueba, cada caída  y cada reanudación  tienen sentido sólo dentro del plan de salvación de Dios que quiere para  su pueblo la vida  y no la muerte, la alegría y no el dolor.

La Pascua de Jesús es su éxodo,  el camino que nos ha abierto  para alcanzar la vida plena, eterna y biena-venturada.  Para abrir este camino, este pasaje, Jesús tuvo que despojarse de su gloria, humillarse, hacerse obediente hasta la muerte  y la muerte de cruz. Abrirnos el camino a la vida eterna le costó toda su sangre, y gracias a Él, nos hemos  salvado de la esclavitud del pecado. Pero esto no quiere decir que Él hizo todo y nosotros no tenemos que hacer nada, que Él pasó  a través de la cruz, y que  nosotros "vamos al cielo en carroza". No es así. Nuestra salvación es, sin duda, don suyo pero porque  es una historia de amor, hace falta nuestro "sí" y nuestra participación en su amor como nos enseña  nuestra Madre María, y después de ella todos los santos.

La Cuaresma vive de esta dinámica: Cristo nos precede con su éxodo, y nosotros atravesamos el  desierto gracias a Él, y detrás de Él.  Él fue tentado por nosotros, y  venció al Tentador por nosotros, pero también nosotros tenemos que enfrentarnos con Él a  las tentaciones y superarlas. Él nos da el agua viva de su Espíritu, y  nosotros tenemos que beber de su fuente en los sacramentos, en la oración, en la adoración; Él es la luz que vence las tinieblas, y a nosotros se nos pide que alimentemos la llamita que se nos confió cuando fuimos bautizados”.

En este sentido,como se lee en el Misal Romano,  la Cuaresma es "signo sacramental de nuestra conversión" , el que recorre el camino de la Cuaresma está siempre en el camino de la conversión. “La Cuaresma es signo sacramental  de nuestro camino desde la esclavitud hacia la libertad, que siempre hay que renovar. Ciertamente un camino que requiere esfuerzo, como debe ser, porque el amor requiere esfuerzo pero un camino lleno de esperanza. Yo diría todavía más: El éxodo cuaresmal  es el camino en que se forma la esperanza. El esfuerzo de cruzar el desierto –todas las pruebas, tentaciones, ilusiones, espejismos– todo esto sirve para forjar  una esperanza fuerte, firme, siguiendo el  modelo de la Virgen María, que en medio de las  tinieblas de la pasión y de la muerte de su Hijo, sigue creyendo y esperando  en su resurrección, en la victoria del amor  de Dios.
Con el corazón abierto  a este horizonte, entramos en la Cuaresma. Sintiéndonos  parte del pueblo santo de Dios, iniciamos con alegría hoy este camino de esperanza.

* Tiempo de  preparación para la Pascua. Los cuarenta días están  iluminados por el misterio pascual al que se orienta.