“Qué bueno es tener este 
tiempo para expresar a 
Nuestro Señor el amor y el 
agradecimiento por todas 
las personas que ha 
puesto en nuestro camino”.
“Qué bueno es tener este tiempo para expresar a Nuestro Señor el amor y el agradecimiento por todas las personas que ha puesto en nuestro camino”.
Evidentemente en nuestras vidas existen muchas responsabilidades que debemos atender, muchas reuniones en las cuales participar, muchísimos asuntos o personas a las cuales servir. Sin embargo, podría existir una gran tentación: caer en la costumbre de llenar el tiempo con alguna actividad. Pareciera que el reposo debe estar siempre motivado por algún pasatiempo o entrete-nimiento: la radio, la televisión, paseos del sábado, ocupaciones del domingo... En otras palabras, llenamos nuestro día de actividades.
 En este largo fin de se-mana estamos viviendo el tiempo de Acción de Gracias, un tiempo reservado para la familia y el encuentro con Dios creador y dador de todos los bienes que recibimos a diario. Qué bueno es tener este tiempo para expresar a Nuestro Señor el amor y el agradecimiento por todas las personas que ha puesto en nuestro camino, comenzando por nuestros amados padres, todos aque-llos quienes nos educaron -estas personas siempre fueron o son partes invaluables de nuestra formación humana y espiritual- y todos aquellos con los que compartimos nuestras vidas, en el hogar, en la escuela o en el trabajo. En verdad el ser agradecidos nos hace mucho más felices.
 Por esta razón no ten-gamos miedo de entrar en una oración profunda en estas celebraciones de fin de año. Dicen los grandes maestros de la oración que a la mayoría de las personas les produce pánico el vacío y que el silencio les causa terror. Sin embargo, no alcanzamos a vislumbrar que en la oración el tiempo vacío es el tiempo dedicado a Dios. No hay que decir o leer nada, es tan sólo una página blanca en nuestra vida que le ofrecemos al Señor. En ella, por la acción de su Espíritu Santo, algún día Él escribirá. Así, el resultado de la oración no son mis pensamientos, sino la interpelación del otro, que es el constante dialogar con la persona trinitaria de nuestro Dios.
 Es importante para cada uno de nosotros decidirnos a dejarnos amar por Dios. Si la oración fuese el mejor de los cantos que hemos podido    escuchar en nuestras vidas, no podríamos cantar nuestro pequeño solo de amor a Dios, porque las notas de nuestra canción al Señor, son inspiradas en nuestros temores, debilidades y errores. Entonces seamos permeables a la Acción de la Trinidad y permitámosle que el Espíritu Santo se encargue de nuestro canto de Acción de Gracias, dejémosle  apoderarse de nuestra voz, dejémosle acoger todos los sonidos de nuestro ser.
A un nivel muy personal de oración, déjale acoger en ti todos los sonidos que pueden brotar de tu misma naturaleza, déjale que borre todas las discordancias de lo extraviado de tus quereres o de tu voluntad y recuperar o crear ese canto interior que cada uno de nosotros ni se imagina que existe. Déjale a Dios tocar sobre tus cuerdas el canto de amor que a Él le place.

Si te decides a darle tiempo a Dios... escucha solamente... ¡Un día, por qué no, llorarás de alegría!