Evidentemente después de la solemnidad de todos los Santos, el martes 2 de noviembre conmemoraremos el día de los fieles difuntos. La Iglesia ora por todos los que ya han partido de esta vida al encuentro del Señor Jesús y aún necesitan de nuestra oración en su tránsito hacia el encuentro definitivo con Dios.

Con motivo de esta celebración la  Congregación de la Doctrina de la Fe ha presentado una orientación acerca de la sepultura de los difuntos y la conservación de las cenizas en caso de cremación, con el título Ad Resurgendum cum Christo. El documento acepta la cremación de los seres difuntos, sin embrago recomienda de manera muy particular el de sepultarlos en un lugar sagrado o en el cementerio. La Instrucción no recomienda bajo ninguna circunstancia todo lo que son las prácticas naturalistas que contemplan el arrojar la cenizas al viento, al agua o la misma naturaleza.

Recomienda la inhumación de los cadáveres como una obra de misericordia y como el compromiso último que cada familia debe tener para con sus seres queridos. Está aceptada y se entiende que  muchas veces por necesidad los cadáveres se pueden cremar, pero vuelve a recordar la necesidad de darles sepultura cristiana a los mismos, puesto que aún en cenizas con la sepultura confirmamos la fe en la eternidad.

Las celebraciones del día de  los difuntos hay que purificarlas de muchas supersticiones y santerías que no se enfocan ni definen en los parámetros de nuestra fe. Sabemos que todos estamos de camino en este mundo, que Cristo se crucificó por amor a nosotros y para salvarnos del pecado y de la muerte. Con gran amor a ese regalo infinito de la misericordia de Dios, sigamos nuestros caminos, como es prudente oremos por los que nos han precedido en el sueño de la paz  y por nuestras oraciones alcanzarán la misericordia de Dios.

Siempre será conveniente durante esta celebración pensar en nuestra propia finitud. No se necesita llegar a una edad muy avanzada en la vida para comenzar a pensar en el encuentro definitivo con Nuestro Creador. A lo mejor seremos llamados en muy lejano tiempo, a lo mejor en uno muy cercano, lo importante es siempre estar listos, pues nadie sabe ni el día ni la hora (Mateo 24).  Que en el día de los difuntos también tengamos la oportunidad de hacer una Acción de Dios por los seres queridos que nos amaron y nos enseñaron a amar, para que Dios les premie todo el bien que hicieron en nuestras vidas y de quienes les rodearon y con gran firmeza de fe siempre podamos pedir que el Señor les dé el descanso eterno y que siempre brille para ellas, las almas, la luz perpetua.