Un nuevo año académico se ha iniciado y muchos de nuestros niños y jóvenes continuarán encontrando  la oportunidad de educarse para poder el día de mañana servir  a nuestra sociedad en la tarea que su vocación les indique. Sin embargo,  debemos ser perfectamente conscientes de que la educación no solo se imparte en la escuela, sino de ma-nera fundamental en la familia a la que debemos tener presente como la primera y más efectiva escuela de formación para las futuras generaciones.
 Esta reflexión sobre la educación va dirigida a los padres de familia, más que a las instituciones educativas  o a quienes asisten a ellas. Las estructuras de formación   a nivel científico y técnico son en la mayoría de los casos bien planeadas y ejecutadas en los Centros Educativos,  los índices de aprendizaje de nuestra juventud son relativamente buenos. Se dice que las comunidades inmigrantes poseen un margen de desventaja respecto a la excelencia de los resultados académicos de sus jóvenes y niños. Sin embargo, pienso que ello es una oportunidad para refle-xionar sobre cómo podemos ayudar –en los hogares– a que nuestra juventud inmigrante sea también reconocida por el compromiso y el buen trabajo realizado en el sector educativo.
 La respuesta que podría ofrecer a los padres de familia es el de analizar y reflexionar sobre la  interacción con sus hijos e hijas, puesto que la educación es comunicación, diálogo y convivencia. No es tan solo la transmisión de conocimientos, sino, más bien, un intercambio de ideas     y pensamientos que edifican al otro y lo ponen en una perspectiva de crecimiento.  
Los padres que caminan cerca de sus hijos  y están al lado de ellos para acompañarles y apoyarles –no solo en sus deberes académicos, sino también en su formación moral y la incorporación de valores éticos en su personalidad– verán con gran satisfacción cómo estos estudiantes maduran y rinden académicamente mucho más que aquellos que, por diferentes circunstancias, no pueden contar con la presencia y el apoyo de sus familias. De otra forma, sería muy difícil pedir resultados cuando se sabe que desafortunadamente no se participó en el proceso de alcanzar los mismos.
 Uno de los grandes retos que vivimos en nuestro tiempo es la poca valoración por la presencia inmigrante en nuestra nación, a lo mejor en los años venideros como inmigrantes tendremos que trabajar arduamente para continuar transformado la forma en que muchas personas a lo mejor perciben la presencia del inmigrante. Venimos a servir, a compartir, a trabajar y radicados en   las enseñanzas del Evangelio  en donde encontramos las enseñanzas de Jesús que nos invita a acoger  al pobre   y al afligido ofreciéndoles no solo cosas, sino lo mejor de nosotros mismos.
Una de las principales enseñanzas que, desde la familia, se debe impartir a la juventud creciente es el profundo respeto y amor que la sociedad de hoy debe tener para con la persona humana. Somos un género humano creado por Dios para vivir en fraternidad esa experiencia del Amor del Creador. Por tanto, esta enseñanza más que una escuela es la familia la encargada de transmitirla no por un predicado de palabras, sino por la experiencia misma del amor que toda nuestra juventud debe experimentar cuando se habla o piensa en el núcleo familiar.