Con gran fe y en un espíritu de sanación espiritual, levantamos hoy nuestra oración al Dios todo poderoso  por nuestra nación y por todos los que en esta tierra bendecida desarrollan su existencia, una vida que se nos ha dado a todos en libertad y por el amor infinito de Dios Padre Creador.
Es muy importante a los ojos de la fe marcar los acontecimientos de la humanidad como pasos que se dan no tan solo en el curso de los si-glos, sino también en el desarrollo del entendimiento de la promesa de vida eterna que Jesucristo nos trajo con su muerte y  resurrección. Todos vamos de camino y nadie es eterno en este mundo contingente, nuestro análisis siempre debe ser desde un punto de vista trascendente, puesto que nuestra fe nos lleva a abrazar la promesa de la eternidad. 
Los resultados electorales tienen siempre un mensaje para los diferentes sectores políticos, sin embargo para los creyentes es solo un tiempo trazado por la voluntad de Dios que permite a una serie de individuos tener en sus manos la gran responsabilidad de liderar y guiar el destino de una  nación y, en el desa-rrollo de esta tarea, la repercusión mundial que pueda alcanzar.
Por tanto, orar por quienes tendrán la autoridad legítima de guiar los destinos de nuestra nación en los próximos cuatro años es nuestro deber como cristianos y como ciudadanos. Debe ser una oración en el Espíritu que nos da la unidad e ilumina nuestra inteligencia con el don de la verdad para que podamos proporcionar una sanación espiritual a una jornada electoral cargada de anta-gonismos y rivalidad.
En este momento necesitamos una oración que nos ayude a  reconciliar todos los sectores partidistas para que cesen las divisiones. Es un momento para invocar la sabiduría de Dios para quienes reciben tan difícil  responsabilidad y tienem sobre sus espaldas el gran reto de promover la paz, la concordia, el desarrollo económico  y el respeto por la persona humana.
El tiempo corre aprisa, y aunque a veces parece que los periodos presidenciales podrían ser eternos, no lo son. Oremos al Dios todo poderoso para que los años no pasen de largo sin consta-tar los cambios que hemos soñado ver en nuestro presente. Que las necesidades de nuestro pueblo inmigrante no queden en el anonimato e indife-rencia de los planes de gobierno estatal y federal, sino que exista en los  corazones de nuestros  hermanos/as el deseo ardiente por alcanzar la justicia, la paz y la estabilidad que tanto necesita hoy la familia inmigrante.
La política no partidista  se define como la acción de hacer y  promover el bien debido a la sociedad civil. Es el pueblo quien por la voluntad del voto elige los gobernantes que se comprometen al servicio  y promoción de la comunidad.  En otras  palabras, el proceso electoral lleva a una persona a ser servidora del pueblo que  le ha elegido, mediante una administración sana, transparente y profundamente justa.
Dios que por su bondad nos nos permite ser testigos de este momento en la vida de nuestra nación, sea Él quien haciéndonos sus          instrumentos por la acción del Espíritu Santo en nuestros corazones, nos dé la  alegría y el valor de proclamar la verdad de su Evangelio que hace más de dos mil años vino a anun-ciarnos y que lo ratificó con su Muerte y Resurrección. 
Dios Bendiga a América.