Los comicios generales del martes 8 de noviembre son un gran reto para los ciudadanos fieles, quienes en el actual contexto político quizá se sientan desalentados por candidatos con bajos índices de credibilidad y con pocos que comparten nuestro compromiso integral con la vida y dignidad humana. Lo que hace más urgente nuestra obligación de actuar, de hacer oír nuestras voces en las urnas, de participar y no quedarnos al margen en la lucha por la justicia. Razón demás para enfrentar con optimismo los retos que nos plantea el momento actual, reconociendo los temas en debate para poder optar con certeza la mejor de nuestras elecciones. En esta coyuntura es de vital importancia estar debidamente informados para participar en un diálogo responsable y fructífero.

En esa línea, como una contribución al diálogo público cívico,  los obispos católicos de Estados Unidos emitieron la  declaración ‘Formando la conciencia para ser ciudadanos fieles’ (ver págs. centrales) para orientar a los católicos y a las personas de buena voluntad en el ejercicio de sus derechos y deberes, que ayude a formar sus conciencias sobre las opciones políticas en las próximas elecciones a la luz de la doctrina católica. La declaración destaca “el vínculo indisoluble que existe entre nuestro testimonio de la verdad y nuestro servicio a los necesitados, nuestro papel como discípulos misioneros convocados a salir del santuario para llevar a Cristo a las periferias con alegría y el cuidado de nuestra casa común y de todos los que en ella habitan, especialmente los más pobres”. El documento aboga también por el inalienable respeto por la vida desde la concepción hasta la muerte natural y llama nuestra atención a las amenazas que se ciernen sobre nuestra sociedad: la redefinición del matrimonio, el consumo excesivo de bienes materiales y la destrucción de los recursos naturales que afecta a los pobres, los ataques a cristianos y minorías religiosas, la restricción de la libertad religiosa, las políticas económicas que omiten dar prioridad a los pobres, un sistema de inmigración defectuoso y una crisis de refugiados mundial, las guerras, el terror y la violencia que amenazan todos los aspectos de la vida y la dignidad humana. Esas amenazas hablan de una ruptura de lo que el papa Francisco ha llamado una “ecología integral” que es la adecuada ordenación de las relaciones de las personas entre sí, con la creación y en última instancia con Dios mismo. La declaración doctrinal de los obispos es, pues, un documento seminal para ser leído en su totalidad y no por partes seleccionadas que lleven agua al molino de uno u otro.

En nuestra Iglesia, como católicos estamos llamados a cuidar de los más necesitados, incluyendo a los recién llegados a nuestro país, Estados Unidos, donde la Iglesia ha sido siempre una Iglesia inmigrante. La historia católica norteamericana es una historia de inmigrantes. Una gran familia enriquecida por el don de nuestra diversidad, donde cada uno “tiene un nombre, un rostro y una historia”.  Por eso y mucho más, esta es la hora de ejercer nuestro voto –el mayor privilegio ciudadano– que nos da sentido de pertenencia a la sociedad en la que vivimos, un derecho inalienable del que ninguno puede sustraerse. Poco o nada significan los números si no participamos. No hacerlo sería condenarnos al ostracismo, a ser una mera sombra de las estadísticas, una mayoría sin voz, ni voto. Es el tiempo de hacer la diferencia en nuestros vecindarios y parroquias, de celebrar nuestras contribuciones y de asumir con entereza nuestra   responsabilidad cívica en las urnas votando a conciencia, considerando que los dilemas humanos son asuntos morales mucho antes de que se conviertan en puntos de vista políticos. Votar a conciencia va más allá de la mera participación cívica, es un testimonio público de amor y compromiso con el bienestar de nuestra comunidad.