Todo tiene su momento. Un momento para todo lo que se quiere hacer. Un momento para el solaz, para el trabajo, para el estudio duro y sostenido, para el ocio y la dedicación. Prístino y tácito mensaje de jóvenes mujeres profesionales quienes –como toda mujer moderna– tienen un papel de liderazgo en su comunidad y en su hogar. Una premisa que se hace cada vez más difícil en el mundo actual. Mas, las mujeres modernas han asumido ese reto de una manera enteriza y ejemplar. Es, por ejemplo, cada vez más común ver mujeres profesionales dedicarse simultáneamente a su hogar –cuando deciden ser madres– y a su desarrollo profesional. Con el ejemplo, esas mujeres afirman que “se puede hacer todo” cuando le damos a cada cosa su momento y su lugar. Mas, lo importante, y la clave del éxito que les acompaña reside en el saber cómo balancear su vida profesional con su vida familiar. Ese es el gran reto que enfrentan las mujeres profesionales en un mercado de trabajo exigente y competitivo que demanda, también, el concurso laboral de la pareja para poder mantener y educar a una familia.

Es impresionante ver como, en un mayor número, se incorporan al mundo universitario y laboral jóvenes decididas a labrarse un porvenir para sí mismas y sus  futuras familias. El temprano reconocimiento de que la educación es fundamental para marcar la diferencia en sus vidas les asegura, en cierta medida, el futuro de sus vástagos y de sus comunidades. La familia es uno de los activos más importantes de nuestra comunidad, verdad de perogrullo que debe relievar, asimismo, la vital importancia de tener siempre presente de “dónde venimos, quiénes somos o dónde están nuestras raíces”, porque solo así podremos preservar nuestra identidad, nuestro sentido de pertenencia de ser quienes somos: únicos –ni mejores, ni peores– solo únicos. En ese aspecto, las jóvenes modernas son el paradigma de las nuevas   generaciones que caminan al ritmo de la modernidad y de los cambios  sociales que rigen en el país. Ellas, que predican con el ejemplo, son la inspiración de sus pares.

La naturaleza del joven es noble y hecha para el heroísmo y solo con el ejemplo podremos llegar, con efectividad, a sus mentes y corazones para alentarles al estudio y al trabajo, porque nada nace por generación espontánea, ni ningún éxito se consigue con la ley del menor esfuerzo. Todo logro implica un ‘momento’ de entrega y sacrificio. Ese es el ejemplo que vemos cotidianamente en las jóvenes modernas profesionales. Un gratificante posicionamiento en una sociedad compleja sin que ello vaya en menoscabo de su desarrollo familiar. Y, sobre todo, con una ambición sana de asumir posiciones de liderazgo, de responsabilidades y de actuar para solucionar los problemas que les aquejan.

La historia, una suma de ‘momentos’, nunca discurre de una manera predecible y es siempre el resultado de hechos y, también, de incidentes que ocurren al azar. El significado de sus consecuencias se pueden determinar –o lo más frecuente disputar– solo en retrospectiva. Por eso, conociendo la caprichosa naturaleza de la historia y considerando esos ‘momentos’ , podemos afirmar y ver con presciencia un mundo lleno de posibilidades y oportunidades para las futuras familias de las mujeres modernas.