Las parroquias culturalmente diversas son las de más rápido crecimiento en el país –según un estudio del Centro de Investigación Aplicada en el Apostolado–. Esta fascinante y reveladora verdad tuvo como jalón de partida un innovador punto de vista: ‘mirar la vida parroquial desde el punto de vista de la experiencia de la diversidad’, que se da cuando se identifica a las poblaciones y parroquias que sirven a comunidades de diversos grupos étnicos, culturales y/o lingüísticos lo que ha permitido identificar, en su momento, a  6.332 (36%) parroquias multiculturales donde la mayor parte de sus feligreses (37%) son de la generación después del Vaticano II entre las edades de 34 y 54. Una característica vital de los padres de comunidades multiculturales, con niños en edad escolar, es que son mucho más propensos a inscribir a sus hijos en una escuela católica que la población católica en general. De los encuestados, una abrumadora mayoría han recibido su primera comunión (83%) y se han confirmado (77%). Similares porcentajes, que se consideran ‘católicos activos’, están inscritos en sus parroquias que es su principal lugar de adoración.

En cuanto a la experiencia parroquial, hay una aceptación mayoritaria entre todos los subgrupos que ‘tener personas de diferentes orígenes culturales enriquece a la parroquia’, lo que hace que pocos se sientan forasteros en sus parroquias. Los que más a menudo afirman sentirse así son los feligreses hispanos nacidos en el extranjero. En parroquias multiculturales, la mayoría está de acuerdo en que tienen un papel protagónico en la ‘toma de decisiones’ de su parroquia. Un detalle: los feligreses nacidos en el extranjero están más interesados que los feligreses nacidos en Estados Unidos en sostener que su parroquia debe proveer cuidado pastoral a los refugiados e inmigrantes.

Como colofón, el estudio afirma que la Iglesia Católica en Estados Unidos es una de las instituciones más culturalmente diversas en el país y se hará aún más diversa en el futuro, razón de más para que las parroquias, escuelas, hospitales, organizaciones benéficas y otros ministerios necesitan adaptarse y prepararse para el crecimiento de la diversidad. Por lo pronto, los que más cómodos se sienten con el crecimiento de la diversidad son los emigrantes de reciente data, aunque los católicos afroamericanos son los más propensos a decir que le dan la bienvenida a la diversidad en la parroquia y que la diversidad enriquece la vida parroquial. Los que son descendientes de anteriores olas de inmigración de Europa parecen ser los menos cómodos con la diversidad y menos dispuestos a participar en la vida parroquial más allá de asistir a la misa.

Los datos, que hablan de nuestras realidades locales, son inestimables puntos de referencia a tener en consideración a la hora de planificar, establecer prioridades y asignar recursos para implementar las conclusiones del reciente V Encuentro Nacional de la Pastoral Hispana. Todo ello en consonancia con el llamado del papa Francisco a una conversión pastoral y a poner toda la Iglesia en un “estado permanente de misión”. La semilla, la bienvenida a la familia de fe que se celebra con el Bautismo es una celebración que se da con profusión en nuestra comunidad. Para muestra un botón: más de una veintena de niños fueron bautizados el pasado fin de semana en la parroquia Santa Catalina Labouré, una clara muestra del valor y la importancia –para los padres– de que sus hijos se eduquen en la fe, continúen en la Iglesia Católica y adquieran valores morales.