Con la misma vitalidad juvenil de antaño, convencidos de que podemos hacer la diferencia, El Pregonero cumplió 41 años. Fundado en 1977 en el seno del Centro Católico Hispano, entonces dirigido por el padre franciscano Sean O’Malley, hoy cardenal de Boston, para quien “era imposible formar católicos serios sin una lectura seria”, frase que nos compromete y que dice mucho lo que somos y, más importante aún, lo que hacemos.  

La andadura de El Pregonero es un espejo de la historia de nuestra comunidad del área metropolitana de Washington y como ella nuestro semanario ha experimentado también un sinnúmero de cambios similar al natural proceso de madurez que sigue experimentando nuestra joven comunidad inmigrante. Nada más oportuno, pues, para recordar y destacar los orígenes primigenios de El Pregonero: una publicación creada con el propósito de servir, hoy como ayer, a nuestra comunidad desde una perspectiva católica.

Esta casa editorial, por ejemplo, jugó un papel clave en los años 80 y 90. Nuestra cobertura del drama de miles de refugiados provenientes de países destrozados por cruentas guerras civiles estuvo orientada en ‘castellanizar’ y proveer la información necesaria para que los inmigrantes se integren de la mejor manera posible a una sociedad nueva y ajena en lengua y costumbres, al mismo tiempo servirles de nexo con las actividades de las parroquias con ministerio hispano, punto dinámico y de vital encuentro familiar.

Ambas andaduras, la de nuestra comunidad y la de El Pregonero, se entrecruzan cuando se abordan los temas de educación y de inmigración. Es en 1986, por ejemplo, cuando la Iglesia, a través del Centro Católico Hispano, dirigido por el obispo Kevin Farrell, hoy cardenal, ayudó a solicitar la residencia a miles de inmigrantes que se acogieron a la Reforma de Inmigración aprobada ese año. El centro expandió también los servicios a la comunidad inmigrante proveyéndoles de asistencia legal, educación, empleo y servicios de salud. 

Ahora, con cuarentaiún años a cuestas, El Pregonero enfrenta nuevos retos que son, también, los desafíos de una cada vez más numerosa comunidad hispana. A los retos planteados por una nueva tecnología, en El Pregonero hemos emprendido el desafío de  ofrecer a nuestros lectores una mayor y rápida cobertura informativa con ese primigenio espíritu de servicio con el que nació: Unidos por una lengua y una fe común seguiremos siendo la voz de los que no tienen voz ayudándoles a integrarse y a ser parte activa de nuestra sociedad.

Como toda obra, anhelamos que El Pregonero sea la piedra de toque de todo lo que elijamos y apreciemos por su beneficio a nuestra comunidad y que, a la larga, su levedad, entendida como un vehículo formativo, revele su propio peso de cambio. En el umbral de sus 42 años de existencia, El Pregonero enfrenta nuevos y variados retos propios de los tiempos que vivimos que son, también, los desafíos de una cada vez más numerosa comunidad inmigrante.