‘Cada nuevo drama que sucede en nuestra historia cotidiana –lejos de explotar el miedo– se convierte también en el escenario para una posible buena noticia’, cuando identificamos los problemas y mostramos los rostros de los afectados por las injusticias. Pero también cuando inspiramos soluciones reales que ‘rechacen el prejuicio’ y ‘dejen un espacio para la esperanza’ que promueva el acercamiento y toque los corazones que se traduzcan luego ‘en manos listas para construir’. En suma, una comunicación constructiva que rechace los prejuicios y fomente el encuentro que es el tema escogido por el papa Francisco para la Jornada Mundial de las Comunicaciones 2017, con la idea de no solo comunicar esperanza y confianza, sino también de acompañar.

Eso explica, en gran medida, el por qué insistimos en mostrar el ‘lado humano’ de las personas y familias indocumentadas atrapadas en un callejón sin salida, en un limbo legal que es el resultado de un anquilosado y anacrónico sistema migratorio que está a la espera de una imperativa reforma integral. Entretanto, seguiremos siendo testigos de los sufri-mientos y padecimientos de familias enteras que viven en nuestros vecindarios, y cuyas historias están imbricadas con la solidaridad y generosidad de instituciones y rostros anónimos que continuan ‘abriendo espacios de espe  ranza’, donde los problemas y males no son protagonistas. De capital importancia en nuestra cotidianeidad, donde no solo se habla de la verdad per se, sino de una ‘posverdad’ o ‘noticia alternativa’ que no hace más que alentar la desinformación y el cinismo de que no se puede confiar en nadie, caldo de cultivo para la apatía y los miedos sin límites. Allí, el sufrimiento humano se presenta travestido y deshumanizado para singularizar chivos expiatorios, nada más ajeno a toda búsqueda de solución donde solo prima la exclusión, no el encuentro, mucho menos el acompañamiento.

La historia de Jesús –señala el papa Francisco– es una buena noticia, no porque esté exenta de sufrimiento, sino porque contempla el sufrimiento en una perspectiva más amplia, como parte integrante de su amor por la humanidad y por el Padre. La adversidad y la cruz no impiden, sino que llevan a cabo la salvación de Dios. Nuestra fe nos dice y recuerda siempre que Dios está trabajando en todos los momentos de nuestras vidas, confianza que nos da esperanza que, dicho sea de paso, es ‘la más humilde de las virtudes, porque permanece escondida en las encrucijadas de la vida, pero es similar a la levadura que hace fermentar toda masa’. Con esa confianza, que nos da la esperanza, esperamos que la nueva administracion priorice una reforma migratoria integral que fue parte del mensaje a la Unión del presidente Trump, así como también oportunidades de acceso a una educación de calidad para todos los ciudadanos, sin distingo alguno. En esta convulsa coyuntura no perdamos de vista las palabras de Popper: ‘El optimismo es un deber. El futuro está abierto y no está predeterminado. Nadie puede predecirlo, excepto al azar. Todos nosotros contribuimos a determinarlo por lo que hacemos y todos somos igualmente responsables por su éxito’. Y –añadiría– por su fracaso también.