La igualdad requiere algo más que el crecimiento económico, aunque si lo presupone. Requiere un enfoque inclusivo que tenga en cuenta la dignidad de toda persona humana y el bien común: una visión trascendente de la persona. Necesita decisiones y procesos encaminados a una mejor distribución de la riqueza, la creación de fuentes de empleo y la promoción integral del pobre, que va más allá de una simple mentalidad de asistencia, de allí la importancia de asumir este desafío con determinación y visión de futuro esforzándonos para que ‘la humanidad se sirva de la riqueza y no sea gobernada por ella’. Si consideramos que la educación es la base de una buena ciudadanía sería dudoso esperar –en estos tiempos– que un niño o algún joven pueda tener éxito en la vida si se le niega la oportunidad de la educación. Por eso reafirmamos tozudamente nuestro compromiso con la educación de nuestros hijos, con una educación que brinde oportunidades por igual a nuestros jóvenes.

En el enrarecido diálogo por una reforma migratoria integral que privilegie la unidad familiar, subyace un activismo cívico que debe ser encarado con determinación y claridad de ideas y principios: con el voto en las urnas, un llamado a la participación y a la movilización en defensa de los más vulnerables, de las familias y de su unidad. El ejemplo de la participación tiene un poderoso efecto en la toma de conciencia de la necesidad de ser actores y no meros espectadores de lo que viene sucediendo con las familias inmigrantes. La única prescripción para preservar la salud familiar es la unidad de sus miembros, que redunda en el enriquecimiento social de una nación multicultural, como la nuestra, donde las diversas tradiciones y celebraciones religiosas nos renuevan y recuerdan quiénes somos y de dónde venimos. E pluribus unum (‘Unidad en la diversidad’).

Esta es la hora de hacer oír nuestras voces en defensa de las familias inmigrantes y de las cosas que nos importan. Los ejemplos arrastran y motivan a la acción. La idea de que “el arco del universo moral es amplio, mas se inclina siempre hacia la justicia” (MLK) será una realidad “solo si hay un firme compromiso para ver la tarea realizada” (jueza Ginsburg). Para que se realice es necesario avanzar un tema a la vez, un paso lógico y luego otro y otro, porque de lo contrario podríamos irnos de bruces y perder lo que se hubiera podido ganar. La factibilidad de que algo se concrete implica responder a las injusticias enseñando a través de nuestras opiniones y conducta, otra vez el ejemplo, haciendo hincapié de cuán malo y negativo es juzgar a una persona por el modo cómo luce o por el color de su piel, en lugar de verles como son: solo hombres y mujeres.

En ese contexto, una delegación de la Conferencia Episcopal de El Salvador llegó esta semana al área metropolitana de Washington para acompañar a la diáspora salvadoreña por quienes abogan, a pesar de la distancia, de la mejor forma que pueden hacerlo: como una sola familia. Las expresiones de solidaridad de los obispos salvadoreños con los beneficiarios del DACA y el TPS tuvo como simbólico escenario a la parroquia de San Camilo, donde están representadas 60 naciones, con la mitad de su feligresía hispana, más del 70 por ciento inmigrante y un 75 por ciento de estudiantes beneficiados con el TPS. La presencia de los obispos fue una ‘declaración de principios’ de que toman en serio las palabras del beato Romero de que la Iglesia se identifica con los pobres.

* Al cierre de esta edición los obispos salvadoreños dieron una conferencia de prensa en la parroquia Sagrado Corazón y el jueves 12 celebrarán una misa a las 7pm en la catedral de St. Thomas More en Arlington, VA.