La presencia de tres mil delegados reunidos en el V Encuentro Nacional de la Pastoral Hispana realizado en Grapevine, Texas, es un reflejo de nuestro vital liderazgo en la Iglesia de Estados Unidos, presente y futuro a sabiendas que el mañana es hoy. En nuestras parroquias y misas dominicales es común ver cómo jóvenes familias hispanas y sus hijos comparten su fe y sus tradiciones religiosas en comunidad, para ellos las parroquias son su segundo hogar, amén de un incontestable presente: nuestros líderes son perfectamente bilingües, con una mayor capacidad asumir los retos de los momentos turbulentos que vivimos. En suma, está es, pues, la hora de actuar. La andadura a seguir será el derrotero que marcará la implementación de las conclusiones arribadas en el V Encuentro. Es importante que las leamos, una vez que sean anunciadas, como leemos nuestros libros favoritos para tener siempre presente los principios que nos alumbran y nos mantienen en pie frente a los obstáculos y adversidades. La historia que hoy escribimos nos dará sentido de pertenencia, un punto referencia de dónde estuvimos y qué hicimos para seguir adelante y no caer en la indiferencia y la desesperanza. 

El liderazgo del que hablamos está en cada uno de nosotros y el V Encuentro es la gran oportunidad que se nos presentó al frente. Poca importancia tiene si esta oportunidad de liderazgo nos la dio el tiempo que vivimos o nosotros creamos ese tiempo. Lo que, en realidad, debe importarnos es que este es el tiempo y la hora de actuar, la hora de nuestro liderazgo, oportunidad creada para asumir de manera enteriza la responsabilidad de nuestro propio destino. Las situaciones de crisis y los grandes temas que aquejan a nuestras comunidades nos obligan a movilizarnos, mas debemos también estar listos y preparados par enfrentarlos. Las grandes necesidades claman por grandes virtudes que es donde nace el liderazgo, mas para ello hay que tener el temperamento y la fortaleza para usarlo correctamente. Este es el momento de formar jóvenes líderes de la misma manera como reponemos o cargamos la energía. Mal podemos hablar de liderazgo si no damos a nuestros jóvenes la oportunidad de asumir y probarse en las responsabilidades, de ganar experiencia sin perder de vista la acumulada por los que nos precedieron. No se trata de reinventar la rueda, sino de ser prácticos empezando, por ejemplo, por controlar algo tan simple como son las emociones negativas que a nada conducen.

La gran responsabilidad que tenemos en el seno de una Iglesia diversa y multicultural –como nuestras comunidades– es asumir a esa Iglesia como un todo para reunir a todos y lo podremos hacer aprendiendo de la experiencia de otros, para no solo interpretar el momento que vivimos, sino también para cambiarlo. Mas debemos evitar la tentación de vernos como el centro del mundo, de vernos más grandes o más importantes de lo que realmente somos. Esa centralidad desaparece cuánto más aprendemos sobre nosotros, los demás y nuestro entorno lo que nos hace más humildes. No hay, pues, nada constante… solo el cambio, de allí la necesidad imperativa de formar líderes jóvenes, de estar preparados, listos para asumir los retos y responsabilidades de nuestro tiempo.

We shall not cease from exploration / and the end of all our exploring / will be to arrive where we started / and know ‘the place’ (‘ourselves’) for the first time… (‘and not for the last time, either’)  T.S. Ellio